viernes, 27 de febrero de 2015

Remordimientos

(Petición de Lydia Mateos con las palabras clave carácter, soledad y reencuentro. Un besazo enorme a una de mis mejores lectoras MUAKSSSS) Después de su divorcio y de una grave lesión, se encontraba recluido en su casa conviviendo de mala manera con su soledad. Entristecido por la separación de sus hijos y hogar, y desilusionado por no poder competir con la élite. Le llegó una oferta para reencontrarse con sigo mismo y con su oficio. El combate sería contra la campeona nacional. Una mujer adolescente, contra un veterano. Gran expectación publica, estaba todo vendido. Hoy había que sacar todo el carácter que le hizo triunfar en su momento, y su virilidad y orgullo, si perdiera, se podían ver dañados ya para siempre. Aceptó no solo por reencontrarse con lo que fue, también por la gran cantidad de dinero que le supondría y que sinceramente tras una larga época sin ejercer le hacía mucha falta. “Profe, déjame un momento solo”. “Vale pero recuerda que queda poco para empezar”. El entrenador salió del vestuario y el se dirigió al lavabo. Echo varias veces agua sobre su cara y pelo, y se quedo mirando al espejo. Hoy se enfrentaría contra muchos recuerdos y experiencias pasadas. No podía fallarse otra vez como ya hizo en el pasado. “Tienes que hacerlo bien, tienes que quitarte toda esta angustia, y este es el momento.” Cogió una toalla y la puso sobre su cabeza, se sentó en la camilla de masaje y llamo al profe. “Dame algo para el dolor” “¿Te duele la muñeca? Igual nos hemos pasado con el calentamiento, deja que te mire". “No, me duele el alma”. El entrenador le miro con cara de enfado. “No empieces ya, venga que hoy es el día perfecto para resarcirte”. Uno de los encargados de la organización vino a avisar, ya era la hora. Se puso su albornoz con olor a naftalina sacado del baúl de los recuerdos, y emprendió camino al cuadrilátero. Cuando se subió y vio a su contrincante, recordó su antiguo carácter arrogante y agresivo, y se le revolvió el estomago. Se sentó en su esquina justo en frente de ella y pensó la estrategia. No escuchó las instrucciones de su entrenador que le hablaba de lo ágil y rápida que ella era y que tenía que defenderse bien. Él ya sabía como lo haría, lo tenía claro desde que supo que lucharían. Sonó la campana y empezó el baile. En la primera arremetida de la joven él abrió la guardia, y recibió en pocos segundos decenas de golpes en la cabeza que le hicieron caer de rodillas conmocionado. El arbitro tuvo que detener a la chica que aún de rodillas le seguía golpeando. Acabó perdiendo la conciencia y cayendo boca abajo en el suelo. Cuando despertó el medico le estaba cosiendo la cara, totalmente abierta ante la paliza, y sonrió. Su contrincante entró en el vestuario y se dirigió directamente hacia él. Le besó en la frente que era el único lugar donde no había brecha. “Esto no compensa lo que le hiciste a mama. Pero llámame y hablamos.” Le volvió a besar y el resopló por que todo salió bien. Fue el reencuentro soñado con su hija y pudo quitarse toneladas de remordimientos y recuerdos de aquellas cosas que nunca debió hacer.