lunes, 29 de diciembre de 2014

Sin maldad

Tres de la tarde. En un desierto cualquiera, un enorme cohete con una minúscula cabina esta apunto de despegar. Los tripulantes ya están listos, los auxiliares y los vehículos de apoyo se retiran. Comprobaciones de ultima hora y comienza la cuenta atrás. Despegue, comienzo de un viaje en busca del saber, de la ciencia, por el aumento de conocimientos y su utilización posterior. Posiblemente sacrificados para conseguir una meta. Con las coordenadas programadas y a velocidad de crucero, al salir de la atmósfera no había nada que hacer. Solo mirar por las ventanillas y poco mas. El nerviosismo y la angustia se unían viéndose atados a las sillas y sin retorno. Si todo salía bien, serían unos días nada más, dando la vuelta a la luna y regresar. Todo estaba calculado, previsto, nada podía fallar. Ya habían hecho experimentos anteriores, tenían experiencia. Aunque algunos de ellos no regresaron, bueno, la mayoría. Al llegar a la altura del satélite empezó el momento crucial. Si no cogían la órbita correctamente saldrían despedidos o se estrellarían en el lado oscuro de la luna. Entraron con precisión y empezaron a bordear a la distancia marcada, con la velocidad adecuada. Terminando el giro algo ocurrió. La capsula salio disparada hacia el espacio, atraída por algún tipo de fuerza invisible. Sus cuerpos temblaban, el miedo hace tiempo que lo sentían, pero ahora eran de él. Se quejaban amargamente entre gemidos y aullidos de terror. Pasadas unas horas, por la ventanilla, veían un planeta luminoso, que según se acercaba era mas azul y verde. Se posó la cabina suavemente y la compuerta de abrió. Unos pequeños humanoídes con gestos amables les quitaron los cintos y les invitaron a salir. Vieron un hermoso bosque, una montaña y un río. Diferentes especies de animales de todo tipo y armonía. Nada alteraba aquello. Se volvieron hacia los pequeños seres y mostrando su alegría, quisieron agradecerles que les hubieran llevado hasta allí. Les lamían mientras movían sus colas, ladraban y gemían de placer. Porque podrían vivir en un mundo felices, sin la maldad del hombre. ( Para mi compi Aida)