miércoles, 17 de diciembre de 2014

Yo y mi éxito

Este texto está dedicado especialmente a Aida Martínez la autentica culpable de todo esto. Te mereces más pero espero que esto sea lo que esperabas, no me lo pusiste fácil :) Un saludo muy sincero. --------------------------------------------------------------Solo era mediodía, pero ya deseaba que fuera de noche y echarse a dormir. Tanto tiempo libre y tanto vacío a su alrededor. Vacío en una casa llena de muebles y estanterías llenas de libros acumulados durante años. Su conocimiento era superior a los de los demás, pero su soledad también. Toda una vida dedica a estudiar y a estudiarnos. Un eminente científico, si ,eso era, reconocido y alabado por sus camaradas y contemporáneos. Una vida dedicada a conseguir sus objetivos, pero se olvido de vivir y ahora cuando su boca pide con quien hablar, o cuando su mano quiere acariciar, lo que encuentra es el vacío, su vacío. Labrado durante años paralelo a su éxito y que le tiene exiliado del resto del mundo. En estos momentos en los que mira con desprecio la vitrina llena de condecoraciones y trofeos, y su pared llena de títulos y diplomas. Son los momentos en los que se arrepiente de no haber aprendido a vivir. Arisco y de mal carácter se labro su reputación como persona. Sopesando las dos caras de su vida, y sabiendo que tuvo que compensarlas y no lo hizo. Ahora cuando ya su corazón no sabe amar ni sentir, cuando su cerebro le recrimina una y otra vez horas y horas desperdiciadas en saber más y no saber sede sí mismo, es cuando intenta reconocer por un instante su humildad no nata, y su humanidad atrofiada de no usarla. Mira de nuevo el reloj y piensa formas para que pase todo mas rápido, su juramento no le permite dejar morir a nadie pero, ¿y a si mismo? Lo piensa, hace tiempo que lo piensa y sus achaques de la edad le proporcionan una oportunidad de terminar con su agonía. Solo hacían falta unas horas mas para que el reloj de pared y su sonido matemático y hueco movieran su mano hacia su bolsillo. Es la hora de las pastillas, saco la pequeña caja metálica y las esparció por el suelo. No se levanto, no hizo un gesto para recogerlas, aunque algunas eran creaciones suyas, sus hijas y su éxito. Sonrió socarronamente mientras miraba a través de la ventana como caía la lluvia y espero su muerte sabiendo que entrego su vida y su alma por los demás y que lo hacia solo.