martes, 24 de febrero de 2015

Bolras Cap. 6º

“Ferny rápido tenemos visita”. Uno de los chicos que estaba de guardia me despertó al parecer una pequeña avanzadilla como a la que nos enfrentamos cuando todo empezó, venía por uno de los pasos de montaña. “Son seis soldados del Rey”. Cuando salí de mi estancia vi a Sefy y a Korde ya preparados y organizando la defensa. Tony y Jolu venían también directos de la cama y se terminaban de vestir mientras caminaban hacia ellos. Sefy se hizo acompañar de dos hombres y fueron directos a la atalaya natural de roca más dentro de la salida del paso, Korde nos empezó a informar. “Son seis soldados a caballo, no hay arqueros. Van despacio y distraídos, no creo que sepan que estamos aquí. De todas maneras habrá que eliminarlos, pasarán por la explanada e informaran en la capital y será peor”. Jolu asintió. “Cierto, no creo que nos cueste, pero me parece raro cuando estaban preparando un asalto desde Perimera”. Korde apuntó. “No se les ve alerta, ya os digo que van distraídos. Hace más de una hora que les vigilamos”. Tony terminó con la conversación y nos puso alerta. “Vinimos ya sabiendo que tendríamos que luchar. Vamos a acabar con esos bastardos y listo”. Terminamos de alistarnos y cogimos nuestras armas. Antes de salir a nuestra posición de defensa escuche mi nombre. “¡Ferny!” Giré la cabeza, era Mary. “No deberías ir sin que compruebe primero como estas”. “Ve a la cascada como las demás, estoy bien, de verdad”. Mary me cogió la cabeza poniendo sus manos en mis mejillas y puso sus labios en mi frente otra vez, y otra vez sentí como se me erizaba el pelo. Sin quitar sus manos de mi cara. “Estas mejor pero aún tienes un poco de calentura, ten cuidado por favor”. “Tranquila no nos costará acabar con ellos”. Quito su mano izquierda y me beso el moflete. Se dio la vuelta y yo no dejé de mirarla mientras se alejaba, hasta que una piedra de considerable tamaño golpeó mi espalda. “Maldita sea Tony, no me puedes llamar”. “No creo que te enteraras”. Los tres y el resto de los hombres que nos acompañaban se echaron a reír y yo sufrí mi dolor en silencio para que no se prolongaran las mofas, aunque no viene mal soltar los nervios antes de luchar. Korde subió en una roca frente a todos nosotros y nos animó. “No podemos echarnos atrás ahora. Si no matamos por Bolras moriremos en las mazmorras del rey o decapitados. ¡A por ellos!”. Todos lo repitieron gritando varias veces y emprendimos camino a la entrada del paso. Sefy ya estaba situado en las rocas altas, muchos metros antes de la salida. Con los dos hombres que se llevo y tres más que fueron, incluso ellos solos lo harían. Seguramente duraría unos segundos. A los lados de la entrada predominaba el matorral alto. Allí agachados esperaríamos su llagada. A un lado se pusieron Jolu y Tony con algunos hombres e igual al otro lado Korde y yo. El resto de los hombres se quedaron vigilando las entradas del bosque. No queríamos caer en una burda estrategia de distracción y eran pocos soldados. Pasados varios minutos. “Ferny”. “Dime Korde”. “Ya tendrían que estar aquí”. Nos quedamos un momento en silencio. “Voy a ver a Sefy, ahora vengo Korde”. Me dio una animosa palmada en la espalda, justo donde la pedrada, y me guiño el ojo. Yo no me di la vuelta y seguí reptando entre los matorrales para que no viera mis gestos. Cuando casi había llegado a la posición de Sefy, se empezó a escuchar un murmullo que en pocos segundos se distinguía como hombres cargando en una batalla, y así fue. Unos veinte soldados de infantería cargaban hacia la la salida del paso escudo y espada en mano, a la carrera. Mire hacia los matorrales y vi como empezaban a salir flechas y giré la cabeza hacia la atalaya. Dos saltos de a penas un metro me separaban del lugar. Mi posición en ese momento era más alta que la de los chicos. Di un brinco al peninúltimo saliente en la roca, Sefy y los chicos que le acompañaban lanzaban sus flechas en dirección contraria a la carga de la infantería. Dí el ultimo salto y al levantar la cabeza vi un soldado que saltaba sobre uno de los chicos clavando la espada en su pecho. Cargué el arco veloz, pero Sefy se me adelantó, cogió por detrás al soldado y le cortó el cuello con su daga. Otro soldado irrumpió en la roca y con el arco cargado le acerté en el hombro, pero no le impidió golpear a Sefy con el escudo tirándolo al suelo, mientras abría la cabeza de otro de los chicos con una espada de dimensiones exageradas. Cargue de nuevo mi arco y disparé. La flecha se clavo en su pecho, pero ese hombre de tamaño anormal soltó el escudo y cogió la espada por el mago con ambas manos apuntando directamente a la cabeza de Sefy. Uno de los otros paisanos lanzó otra flecha sobre su costado. Soltó su mano izquierda de la espada y le golpeo con tal fuerza que cayó de la roca. Lancé otra flecha, de nuevo en el pecho. Sefy ya le había clavado su daga en el muslo y la sangre, que salía a chorros, le mojaba la cara. Se levanto gritando frente a aquella mole moribunda y clavo la daga en su ojo izquierdo. Otro de los chicos se hizo cargo del ultimo que subió. Detrás de los veinte que cargaban venían muchos más, la mayoría cayó bajo las flechas pero sufrimos muchas bajas. Sefy se lanzó de varios saltos en medio del paso, con la enorme espada de aquel soldado en la mano derecha y la daga en la izquierda. Corrió hacia los soldados que quedaban gritando y arrastrado el espadón por la roca. Entre sus Gritos, el chirrido de la espada en la pizarra y su cara y pecho ensangrentados bajo su pelo largo y plateado les hicieron salir corriendo. No se como puede estar tan loco, pero lo que está claro es que les acaba de meter mucho miedo. Miré a mi alrededor y empecé a sentir ese sufrimiento que sabíamos que llegaría y que al ver tantos cuerpos mutilados, tirados por el suelo, certifiqué. Tanto paisanos como soldados debían ser enterrados. Mañana será un día muy largo.