lunes, 23 de febrero de 2015

Mejor imposible

(Petición de Saida María con las palabras clave amor, ilusión e historia. A ver que te parece cachorrita jejeje yo creo que está bonito.) “No me aguanto los nervios mamá”. Por fin, después de su graduación hace unos meses, había conseguido el trabajo que deseaba. Daba vueltas por la habitación sin hacer nada más que eso, dar vueltas. “Patricia hija céntrate, al final te hago yo sola la maleta. Luego te faltará cualquier cosa y me echarás la culpa”. Patricia cogió a su madre de ambas mejillas y la beso en la frente. “Sabes que te quiero, ¿Verdad?”. “Ya lo sé. Anda que el tiempo se va volando”. Terminaron la tarea y se sentaron a esperar el taxi. “Ten cuidado y llámame cuando puedas, pero que no sea mucho tiempo no me dejes preocupada”. Se abrazaron hasta que el timbre las separó. “Tu también ten cuidado y si necesitas algo llama al tío Juan, ¿vale?” “Tranquila, creo que me se cuidar. Te quiero hija”. Un ultimo abrazo y salió por la puerta con destino al aeropuerto. Se dirigía a Egipto, en principio tendría un sueldo de practicas, pero lo que le encantaba es poder ejercer como arqueóloga, recogiendo pedazos de historia y sacándolos a la luz. Iba con tantas ganas, tan ilusionada, que el viaje hacia su trasporte pasó muy rápido. En el avión también, podía haber aprovechado para recuperar las horas de sueño que perdió a causa de los nervios, pero cada vez iban a más y se dedico a repasar los apuntes en su portátil con el fin de causar buena impresión. La estaban esperando en el destino. Un paisano con una cartulina en la que ponía “PATICIA VILANEVA”. “Debo ser yo, Patricia Villanueva”. Se acerco a aquel señor con una amplia sonrisa, que le fue correspondida. Lo primero al edificio que la empresa tenía habilitado para sus trabajadores. Dejó todo colocado y se dio una ducha relajante, pero no fue así. Quedaba una hora para ir a la excavación y al igual que en casa no paraba de dar vueltas de un lado al otro. Abrió de nuevo su portátil y siguió repasando sus apuntes, pero esta vez porque puso la televisión y no entendía nada. Tampoco comió por que el estomago lo tenia encogido, la enorme ilusión y los nervios lo ocupaban todo. Ya tenía ganas de ponerse a trabajar, aunque sabía que al principio le darían trabajos como palear los escombros y llevarlos con la carretilla o picar las rocas. Cinco minutos antes de que llegara la hora bajó a la entrada. Ya había algunas personas esperando el autobús. Mantuvo varias conversaciones que se iniciaron por la curiosidad de sus compañeros. Pasó el camino mirando por las ventanillas, alucinada de estar allí y al llegar al lugar de la excavación desesperación. El encargado no había llegado aún y le hicieron esperar a que llegara para que le diera tarea y la ubicara. Había una caseta de obra metálica. Se sentó en la oficina, en un sofá y entre que no tenia su portátil, que no durmió nada y que según pasaba el tiempo hacia más calor, se quedó dormida. Un portazo la despertó. “¿Patricia?” Rápido seco la babilla que le caía de la boca y se atusó el pelo. Levantó la cabeza y vio a un hombre hermoso e imponente y casi se le cae la baba otra vez. “Si, disculpe soy yo”. El apuesto joven se sentó en la mesa que presidia la oficina y la invito con un gesto a que se sentara en la silla justo frente a él. “Soy Víctor, el encargado de la excavación. Antes de que empecemos a trabajar te seré sincero. La entrevista telefónica te la hice yo”. Ella pensó en ese momento que tenía una voz preciosa, además. “Mientras miraba tu foto”. El la miró embelesado y a ella ahora si se le encogió el estomago. No se sentía así de hace años, se enclaustró en sus estudios y no se había visto en esta situación o si lo hizo no le dio importancia, las evitaba. “Entre todos te elegí a ti de manera subjetiva, solo vi tu foto y el vídeo de presentación que nos enviaste. Me dio igual tu experiencia.”. El nivel de nerviosismo y ansiedad subía por momentos, estaba entre la indignación y el éxtasis, y no supo que decir. Pasados unos segundos y una mirada de incierto significado:“Bien, no me importa, ahora te daré tarea y por favor, no se lo digas a nadie”. Víctor se levanto y cogió una carpeta de la estantería a su espalda y de espaldas le echo una ojeada de varios segundos. Ella aprovecho para hacerle un scaner completo mientras alucinaba de lo que había pasado. Era evidente que no iba a entregarse a un desconocido de esta manera, pero lo habría hecho. Recibió su tarea y la desempeño con ilusión y con ganas. Se encontraba donde quería entre pedazos de historia, pequeñas piezas de un puzzle por completar. Era realmente feliz, pero sin poder quitarse de la cabeza lo que le dijo Víctor y que ella no pudo decir más que “gracias” y “al lio” con un gesto nervioso y ridículo de sus brazos, cuando le dijo que hacer. Miro varias veces de reojo hacia la caseta y no le vio salir, estuvo tentada de ir y hablar con él varias veces, pero su mente calculadora y científica le clavo los pies al suelo. Durante la comida varias compañeras se acercaron a ella, para interesarse y para ponerla al día de los entresijos de la excavación y sus compañeros. Aprovecho la situación para preguntar por Víctor. “Es un solterón aburrido, que desperdicio de cuerpo”. Dijo una de ellas. Sin querer, de reflejo, salió en su defensa. “Igual es que espera la mujer adecuada”. Quería morirse, pero no por la posible reacción de las compañeras, si no por que se dio cuenta de que ella le gustaba de verdad y él para ella, un Adonis. ¿Sería cuestión entonces de asumirlo e intentar conocerle?. Era un sueño, el trabajo de su vida, todos sus esfuerzos e ilusiones recompensadas y ¿también amor? Al acabar la jornada llamó a la puerta de la oficina. “Adelante”. Solo asomó la cabeza por el hueco justo que abrió. “¿Me invitas a cenar?”. Esta preciosa historia de ilusiones cumplidas y amor correspondido termina cuarenta años después con la muerte de Víctor a cusa de los achaques de la edad.