lunes, 16 de febrero de 2015

En honor a la verdad.

(Petición de Sefy "www.sefywft.com" mi amigo, compañero, colaborador, hermano, youtuber, gamer, colgao que flipas, etc, jaja me pidió con las palabras clave luz, honor y verdad.) Por fin llegó el día. Se encontraba con sus mejores galas, bien limpio y afeitado. La sala era enorme, nunca estuvo allí, en aquel palacio que veía a lo lejos desde su casa. Por fin sería recompensado su esfuerzo de tantos años sirviendo al Conde. La decisión fue tomada por los oficiales y soldados que batalla tras batalla, dieron fe a la verdad y reconocieron su esfuerzo. le veían encender las hogueras, de día y de noche arreglar, forjar y reparar sus armas y armaduras. Con su lento carro de bueyes y su pesada carga de metales y forjas portátiles. No lo dudaron cuando uno de ellos le nombró, entre decenas de otros nombres de otros hombres que ganaron merito en batalla,. Fue uno de los diez elegidos de ese año. Ser el herrero de un ejercito tan poderoso no era tarea fácil. Veinte años, dos dedos menos y unos ojos velados por la luz anaranjada del metal incandescente lo confirmaban. Aprendió el oficio de su padre y este del suyo, etc. Y siendo un adolescente, unos días antes de su boda, se alisto al ejercito. Se casó con el amor de su infancia y de toda su vida. La mujer que le acompañó hasta su muerte, hace casi un año, por unas fiebres extrañas que ningún remedio pudo detener. Esto le recompensaría de la muerte de ella, el estar allí frente al Conde. Con toda aquella gente y sin tener que hacer nada más que disfrutar del momento. El Conde le llamo. El salió de entre los asistentes y se posicionó frente al él. Este era su momento, todo esto si que era lo que le quitaría el dolor que tenía. El conde levanto sus brazos y puso sus manos sobre los hombros del herrero. Desde su desempeño nunca vio en persona al señor y de verdad que lo deseaba. Cegado por la luz del metal incandescente de su ira. Por el honor manchado, por un derecho ancestral y por una violación impune. Saco una de sus mejores dagas y la clavo en la axila izquierda del Conde. Recibió decenas de estocadas pero no le hicieron daño, por que el dolor más grande que tenía desapareció.