Responder al amor

(Solicitado por Inguma Alba con las palabras clave suave, coral y manos) Con los ojos cerrados, con las manos abiertas acariciando aquella suave y perfecta tela de la mejor seda. Hacía días que la esperaba, era la más elaborada, la más colorida y la de mejor calidad. “Deja de sobarla, la vas a desgastar”. “Sabes lo mucho que deseaba tenerla cariño”. Él la cogió de las muñecas y se puso frente a ella. “Vamos a cenar, venga”. En el trayecto al restaurante ella no paró de hablar de lo que haría o dejaría de hacer con la tela, de lo que significaba tener esa materia prima para su proyecto. Una clienta adinerada le hizo el encargo y ellos emprendieron un largo viaje para poder realizarlo. Se sentaron y ella continuó con sus pensamientos mientras el miraba la carta. “Por favor Alicia elije algo y luego seguimos hablando”. “Tienes razón dame un minuto”. La cena transcurrió evaluando cada punto del proyecto. Sabían que el vestido encargado iba a ser para una importante cena en la que habría grandes personalidades de todo tipo de ámbitos. Tenía que quedar perfecto y sería el mejor escaparate para sus creaciones. Llegaron los postres, el café y se pidieron una copa. Él no paró de escucharla mientras ella seguía divagando sobre sus sueños de fama y prestigio en el mundo de la moda, su mayor deseo, dedicarse a lo que le gustaba. “¿Podemos cambiar de tema un rato?” “Perdona Luis ya sabes lo que me apasiona mi trabajo y lo importante de este viaje”. “Ya pero podíamos aprovechar para disfrutarlo juntos y le haces más caso al trapo ese que a mi”. “No es un trapo”. “Ya lo sé. El trapo soy yo. Me voy fuera a fumarme un cigarrillo”. Luis se levanto y salió del restaurante mientras ella se quedó mirando como lo hacía. Pensaba que él tenía razón y que todo esto no podía ser motivo para un conflicto. “Tengo que tranquilizarme con el tema y hacer cosas con Luis, estoy siendo muy pesada”. Decidió esperar a que volviera y pedirle disculpas, si con alguien quería compartir su dicha era con su marido. No pasó ni un minuto y todo se sacudió. Cayó al suelo junto a todo lo que había en la mesa. Al intentar incorporarse otra sacudida y otra vez al suelo. Una estridente sirena lo ocupaba todo y un de los camareros la cogió del brazo. “Vamos deprisa a cubierta.” Tiró de ella con fuerza y cuando salieron a cubierta no vio a Luis, y empezó a llamarle con desesperación. “¡Salió a fumar, tendría que estar aquí!”. “¡Suba al bote señora, enseguida!”. Uno de los tripulantes la empujo en la embarcación de emergencia y esta empezó a descender hacia el agua. El barco cada vez se inclinaba más y ella gritaba una y otra vez el nombre de su marido. Fueron todos llevados a una fragata de guerra que recibió las llamadas de auxilio. Buscó por todos lados a Luis hasta que la desesperación le hizo desistir y se sentó en una esquina a llorar. Lo ultimo que hicieron fue discutir por su obsesión y eso le machacaba la conciencia. Pudo caer por la cubierta cuando chocaron con el arrecife de coral y estrellarse contra las rocas. Aún sin haber perdido la esperanza no dejaba de llorar, las posibilidades de encontrarle con vida no eran muchas y en la fragata no estaba, ya busco varias veces en todas partes. Pasadas unas horas escuchó su nombre. “¡Alicia Pérez!¡Alicia Pérez!”. “'¡Si soy yo!”. Corrió hacia el marinero que la llamaba. “Mi marido, le han encontrado.” “Si señora, pregunto también por usted.” Alicia se echo a llorar descargando toda la tensión que acumuló. Lloró más aún cuando le dijeron que le habían encontrado sobre los corales envuelto en una tela suave y colorida que agarraba fuertemente con sus manos.

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