sábado, 28 de marzo de 2015

Bolras Cap. 8º

Salimos a la explanada y allí nos terminaron de informar. “Son unos diez soldados que escoltan a un señor muy bien vestido. Vienen por el sur.” No queríamos sorpresas como la última vez, así que preparamos bien la defensa por si era una treta. Además de los que ya estaban en sus puestos de guardia, ordenamos que se doblara. En el paso de montaña también montamos defensa ante la incertidumbre de como terminaría la misión de Miriam. Supusimos que quién venía era un emisario del Rey para negociar de alguna manera con nosotros. Los cinco del consejo esperamos en la entrada del poblado delante de la muralla. El séquito se acercó lentamente hasta nuestra posición con ese señor orondo y enjoyado en medio de los soldados. Se pararon a unos metros de nuestra posición. “¡Saludos! ¡Soy Sir Ronald gobernador de Goday! ¡Quisiera hablar con el jefe del poblado!” Korde se adelanto. “¡Habla aquí todos somos jefes!” Sir Ronald bajó del caballo y siguiéndole los soldados se acercaron un poco más. “Sería más adecuado hacerlo en alguna instancia”. Empecé a caminar hacia el árbol de Bolras e hice un gesto a Sir Ronald para que nos acompañara. “Los soldados que esperen aquí, los nuestros tampoco vendrán” Fuimos los cinco y el gobernador con un capitán y un sargento. “Vengo a hablaros de lo ocurrido ayer y de la situación del reino en este momento”. Sefy no se pudo contener. “Me da igual que le pase a vuestro reino”. Korde le tiró de la ropa y le envió un gesto de desacuerdo. ”Deja que hable”. Tony: “Como sabéis lo que ocurrido hace apenas un día. Dinos quién te ha informado y empezaremos a hablar”. Ronald asintió con la cabeza y habló: “Cuando tuvimos noticias de vuestra sublevación emprendí viaje a Aguas de Goday. Uno de los soldados que sobrevivió vino a avisarme. El Rey apenas debe estar enterándose ahora. Yo quiero solucionar este problema lo antes posible y sin derramar más sangre.” Korde: “Habla.” Ronald se puso en pie. “Estoy dispuesto a defender ante el Rey que este poblado sea considerado como tal. Podréis elegir vuestros mandatarios y seguiréis bajo la protección del reino.” Ahora me levante yo. “Es una oferta sincera con unas palabras arrogantes. Quien es usted para darnos permiso de nada. Usted pretende que sigamos soportando a vasallos y emisarios. Que sigamos pagando impuestos teniendo que aguantar las directrices de un Rey que nunca piso estas tierras. No señor, esto es Bolras y aquí no hay Rey. “ Ronald frunció el ceño. “ El Rey no tendrá piedad con vosotros, hice lo que pude.” Giré la cabeza para encontrar la aprobación de mis compañeros. Jolu hizo un gesto con la mano y de las ramas de árbol salieron seis de nuestros arqueros. En la explanada los soldados fueron reducidos pacificamente y sus monturas armas y armaduras confiscadas. Tony. “Por favor señor, sus joyas.” y extendió la mano. La cara de indignación de Ronald era indescriptible, pero al hacerles regresar caminando ganábamos un tiempo muy valioso para seguir organizándonos. Además conseguimos once caballos, buenas armas y armaduras sin estrenar. La comitiva marchó despacio en dirección a Aguas de Goday.. Sefy: “Les teníamos que haber cortado la cabeza a todos estos malnacidos”. Jolu: “No seas loco, no somos unos asesinos.” Sefy: “¿Pero si unos ladrones? Tenían que haber muerto”. Korde “Puso la mano en la boca de su hermano. “El problema es que tiene razón”. Nos miramos los cinco y de nuestras bocas no salió una palabra que lo negara. Miré a Sefy a los ojos. “¿Quieres hacerlo tú?” Sefy no contestó, solo sonrió. “Coge a diez hombres y ve en su caza”. Cogió a los padres e hijos de los que habían muerto en manos de sus compañeros y a tres mujeres Virgy, Say y Silvy. Virgy y Silvy que perdieron una marido y otra hijo, tenían suficiente coraje y agallas para matar a sangre fría a cualquier soldado. Say era la mujer de Sefy y parecía contagiada por el odio desmedido de este hacia el reino. Me pareció una magnifica idea que fueran mujeres a la batalla. Cualquiera de ellas, de todas las mujeres de Bolras, podrían matar por salvar su forma de vida y su libertad recién adquirida. Virgy perdió a su marido y quedaba sola con tres hijas. Nunca se arriesgaría a perder la vida estando ellas, pero necesitaba vengarse de alguna manera. Su marido murió hace unos años en una pelea de bar con unos soldados. Ellos no tuvieron piedad por una discusión absurda y ella no la iba a tener ahora. Silvy perdió a su hijo en la última batalla y con él en su mente en todo momento agarraba un cuchillo de sacrificar los corderos mientras le nombraba. El pelotón de ejecución estaba listo. Montaron en sus caballos y salieron al galope. “En poco tiempo todo terminará”. “Si Jolu pero no se si hicimos bien.” Por mi cabeza pasaban los rostros de esos chicos algunos adolescentes. “Si este es el precio de nuestra libertad no se si aguantaré”. Mi mirada cayo al suelo. Korde me agito el cabello y Tony me echo el brazo sobre el hombro y me susurro al oído. “¿Sabes que siempre estaremos contigo? Si tu no puedes lo haremos nosotros, pero se hará lo que sea por liberar estas tierras de su yugo”. Besé y abracé a los tres. “Voy a necesitar vuestro apoyo, si no tendré que salir del consejo”. Jolu: “ Sin ti o cualquiera de nosotros esto no sería posible. Lo único que te puede sacar del consejo es la muerte”. Korde y Tony reafirmaron sus palabras. “Gracias, Espero que esta historia la podamos contar a nuestros nietos todos.” La polvareda que levantaban los caballos ya empezaba a desaparecer. Me quede mirando como lo hacía. Korde me tiró de la ropa, que mania tiene. “Vamos a organizar las guardias y a tomar algo.” En mi tristeza por lo que estábamos haciendo vi al medico saliendo de la casa de Mary y besandola en la puerta. “Chicos, si no os importa me voy a dormir, no me encuentro bien”. Tony que sabía que me pasaba disimuló. Puso su mano en mi frente.” Si, parece que volvió la fiebre. Toma las hierbas que te dio el medico y descansa.” No tenía hambre ni sed. Cientos de ideas, sentimientos e imágenes pasaban por mi cabeza. El día fue duro, pero más de lo que pensaba. Me tumbé boca arriba en la cama intentando que las decenas de horas que llevaba despierto hicieran mella en mi excitada cabeza. No sé que pasará cuando despierte. Mejor no esperar nada, que sea lo que tenga que ser.