Efímero

*(Petición de Silvia García con las palabras clave: fín, comienzo y ocaso. Espero que te guste, siempre pendiente de tus peticiones, lo que necesites, un beso.) Gritos en la madrugada. Silenciados por la hermética habitación. Gritos esperados, dolor y sufrimiento que sabrían que llegarían. En aquel edificio cuadrado y sin balcones, de color claro y símbolos en rojo. Entre sangre y vísceras, angustia y desvanecimientos. Allí fue el comienzo. Vio la luz por primera vez. Lágrimas y sonrisas le recibieron. Sintió los guantes sintéticos de las enfermeras, también los pinchazos y las succiones. Luego sintió calor y poco después el sonido acompasado y matemático que le había acompañado durante muchos meses. Sintió piel con piel y unos amorosos labios que le recorrían el rostro. Sintió la necesidad de morder aquella protuberancia y sintió el cálido y dulce líquido que le regalaba. Escuchó la voz de la matriz y la reconoció. Era diferente desde fuera. Escuchó también la otra voz de sus pocos y sensitivos recuerdos. Una más grave y profunda, menos extensa y más contundente, también sonaba diferente. Se durmió. Abrió sus velados ojos un par de horas después, y siguió escuchando voces que le resultaban familiares. Las luces y colores, los brillantes destellos sin forma le hicieron crear un sonido con su garganta. Sintió poco después como las voces se aceleraban y se hacían más agudas mientras su cuerpo se elevaba de su lecho. Pasó de mano en mano, sintiendo caricias, besos y arrumacos. Bebió más tarde aquel líquido cálido y dulce, y se durmió otra vez. Al anochecer volvió a despertar. Escuchó la voz grave y se elevó de nuevo de su lecho. La voz seguía sonando y con su cara en la fuente del sonido la vibración le dio seguridad. Sintió la energía y vio a través de aquel cristal tonalidades amarillas y anaranjadas que se fueron tornando a rojizas en pocos minutos. La voz no dejó de sonar en todo momento. Compartía con él aquel ocaso aún a sabiendas que a sus pocas horas de vida no se enteraría de nada. Pero él lo sintió y le devolvió la ofrenda compartiendo el suyo. Todos tenemos un comienzo y un final y su corazón mal programado los acercó. Sintió, fue efímero, pero lo sintió.

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