jueves, 18 de junio de 2015

Circunstancias

(Petición de MS con las palabras clave. Orilla, fugaz y clandestino. Espero que este a tu altura. Un ave maria por un colega de verdad. Te quiero mucho bicho.) Aparcó el coche junto a la entrada de la playa. Estaba todo el aparcamiento vacío, excepto por un deportivo. Se ve que llevaba varios días allí ya que se encontraba cubierto de nieve. Pensó simplemente en que al dueño se le habría averiado. Era pleno invierno y en esa época siempre encontraba la playa vacía. A él le daba igual, pescaba igualmente en invierno que en verano. Aunque comía todo lo que pescaba en realidad lo hacía por afición, disfrutaba de ello. Recogió su mochila, su caña y se dirigió a la roca desde la que le gustaba lanzar el anzuelo. Aunque cambiaba de cala continuamente las conocía todas bien y tenía sus lugares especiales para pescar. Soltó la mochila y apoyó la caña en un hueco de la roca. Preparó una pequeña red con unas cabezas de pescado unidas con unos imperdibles de gran tamaño. Con ella atrapaba pequeños cangrejos y camarones que luego usaba como cebo. Echó la red y sacó una botella de ron vertiendo una pequeña cantidad en un vaso. También guardaba en su mochila un refresco de limón con el que completó la bebida. Lió un cigarrillo y se quedó mirando como rompían las olas contra las rocas, haciendo tiempo para que el pescado atrajera algo para poner en el anzuelo. Giró su cabeza hacia la playa. La nieve cubría todo hasta donde el mar alcanzaba y la orilla estaba llena de todo tipo de desechos que trajo el último temporal. Cuando su mirada regresaba hacia la red, fugazmente reconoció un bulto extraño y de nuevo miró. Varios segundos y un par de caladas el cigarro fue lo que tardó en levantarse a curiosear. Según se acercaba, mientras esquivaba algas, ramas y alguna que otro deshecho humano, se dio cuenta de que no era uno si no dos bultos y parecían personas. Aceleró el paso y cuando estuvo seguro de que lo eran echó a correr. Cuando llegó, reconoció una mujer y un hombre. No cabía duda de que ambos estaban muertos y también que no murieron ahogados los dos. La mujer tenía la ropa ensangrentada y el hombre se hallaba descalzo y en camiseta. Cerca de allí vio sobre el suelo varias prendas de abrigo casi tapadas por la nieve. No quiso tocar nada y corrió a la mochila a por su teléfono para avisar a la policía. La caña estaba caída en el suelo y tanto el vaso como la botella estaban a pocos metros flotando en al mar. Las olas cogieron fuerza y seguramente una de ellas se llevo todo. No era capaz de encontrar la mochila para poder avisar a la policía hasta que otra ola de gran tamaño le hizo tambalear y le empapó. Cuando sacudió su cabeza la vio junto a la roca flotando a pocos centímetros de la red, pero otra ola le hizo saltar de la roca a la arena para evitar mojarse más. Vio la botella aún con licor junto a la orilla, sonrió al ver que la playa y el mar jugaban con ella. Volvió a subirse a la roca pensando que al recoger la red levantaría la mochila. No sabía si el teléfono aún funcionaria, pero pensó que avisar a la policía tampoco sería inteligente ya que en invierno nunca renovaba la licencia de pesca y eso le convertía en clandestino. Las licencias en aquella región eran trimestrales y justo era el momento en el que se ahorraba un dinero aprovechando la poca presencia de gente y agentes en aquellas remotas playas. Tenía que sacar la red y la mochila de allí, había dos cadáveres en la arena y no sería inteligente dejar por la zona nada que le identificara. Volvió a subirse a la roca y se apresuró a desatar la cuerda que sujetaba la red. Antes de sacarla del agua la dirigió hacia la mochila para intentar atraparla con ella. Pudo ponerla bajo la mochila pero otra ola le volvió a empapar. El macuto estaba encajonado en una esquina y eso hizo que no se fuera con el mar en su retorno. Se apresuró a intentarlo otra vez y consiguió engancharla. Tuvo que usar mucha fuerza ya que esta pesaba cuatro veces más y se iba enganchando en los salientes. Otra ola llegó y esta vez aguantó la envestida para no soltar la cuerda. Casi no podía ver nada por el agua salada que escurría por su pelo hasta sus ojos, pero siguió tirando. Cuando consiguió abrirlos de nuevo vio que apenas le quedaba un metro para recuperarla y también vio otra enorme ola que iba directa hacia el. Puso todo el cuerpo en tensión para aguantar la envestida. No solo le golpeó lo ola, si no que esta trajo algo con ella que le golpeo en la espinilla partiéndole el hueso. Calló gritando de dolor y completamente helado. Pudo ver que la causa fue una botella vacía de vodka que se quedo tras el golpe sobre la roca, junto a su caña. Intentó ponerse en pie pero tuvo que arrojare al suelo de nuevo. Empezó a arrastrare por la arena intentando alcanzar el aparcamiento, sobre la nieve y la arena congelada. Si por lo menos llegaba al coche podría calentarse. La zona en esta época estaba desierta y no disponía de su teléfono para pedir auxilio. Siguió arrastrándose hasta que sus músculos se engarrotaron y quedó tendido a pocos metros de los cadáveres. Unos días después una patrulla de policía pasó por el lugar y al ver los coches abandonados bajaron a la playa a inspeccionar. Al día siguiente en los periódicos locales salió la noticia. “ Una orgía de sexo y alcohol en una cala abandonada dejó tres muertos. Una mujer acuchillada y dos hombres, uno de ellos con múltiples golpes y otro ahogado. La policía sospecha que alguien más pudo participar en la matanza “. Su entierro desierto de pena y colmado de rabia por su mujer e hijos que no daban crédito a lo ocurrido, ellos le creían cuando les decía que iba a pescar.