jueves, 30 de julio de 2015

Bombones y loco amor

(Petición de Noelia con las palabras clave: Siesta, bombón y loco. Te darás cuenta que esto es según me pille y lo que me digan las palabras. A ver que te parece, espero que te guste, ya me dirás. Un beso guapa) Me levanté de la siesta cuando el sol calentó mi cuerpo y le hizo sudar sobre las sábanas. Me quedé dormido pensando en ella, acompañado de sus recuerdos. Tal fue la implicación en ellos que una gran mancha de bombones derretidos sobre mi barriga lo demostraba. Ella sabía que me encantaban y siempre que podía me tría una pequeña caja. Me metí en la ducha con las sábanas y les di un enjuague pre lavadora. Me enjaboné y no seguí duchándome hasta que no terminé de acordarme de ella otra vez. Previamente había puesto un concierto en directo de Eric Clapton, aquel en mil novecientos noventa y dos para la MTV. Aunque no entendía toda la letra, su voz y su guitarra me hacían sentir bien. Era la banda sonora perfecta para mi estado de ánimo. Me puse mi ropa deportiva y fui a quemar los bombones a la carrera en dirección al parque. Ella era azafata y esta vez viajo a Suiza con lo que ya me estaba relamiendo pensando el los ricos chocolates que hacen allí. Llegando al parque pasé por un quiosco en el que compré una bebida. A pesar de que estaba anocheciendo aún hacía mucho calor. En uno de los bancos cercanos al kiosco vi a una compañera del trabajo. Ambos éramos asistentes telefónicos en una compañía de seguros. Estaba comiéndose un enorme helado de chocolate. “ Hola Lola, ¿ Aprovechando el domingo para pasear ? “ Ella levantó la cabeza. “ Hola Fer. Si, más o menos “. Mire a los lados rápido y pregunté. “ ¿Donde está Pascual ? “ Unas lágrimas le salieron mientras chupaba el helado. Me senté a su lado y la miré fijo. No dije nada, solo cogí su mano y ella empezó a hablar. “ Se fue. Llevaba un tiempo actuando raro y ayer cuando volví del trabajo encontré una nota y sus cajones vacíos. Me agradecía el tiempo tan feliz que vivió conmigo y me dejaba todas sus cosas. Decía que se iba a vivir lejos y que lo nuestro tenía que terminar. ¿Por qué no me dijo nada antes? Ha huido como un cobarde “. “ Yo creo que no se quería enfrentar a su amor por ti. Seguro que se ha ido tan lejos por algo importante. Ya verás como dentro de poco te escribirá, cuando se dé cuenta de que te echa de menos “. Levantó el helado. “ ¿ Quieres ? “ Le di un mordisco demasiado grande guiado por mi pasión por el chocolate y esto provocó que el frío me hiciera gesticular más de la cuenta. Lola soltó una carcajada mientras se limpiaba las lágrimas con la manga de la camiseta. “ ¡ Qué bruto eres ! “. Yo asentí con la cabeza mientras seguía gesticulando. Decidí interrumpir mi ejercicio y nos fuimos a tomar un refresco en una terraza del parque. Allí podríamos hablar y de paso intentar tranquilizarla, darle ánimos. El tema de conversación durante la mayor parte era Pascual. Ella al no saber el porque, no hacia más que divagar y hacer teorías sobre lo ocurrido, yo le aportaba las mías. En un momento dado el tema cambió y solo lo retomamos en contadas ocasiones. Mi objetivo de distraerla tuvo éxito. A pesar de que trabajábamos juntos y compartíamos gustos parecidos, nunca intercambiamos los teléfonos. Esa semana quedamos día si día no para tomar algo y charlar. Resultó curioso saber que teníamos los mismos gustos en todo, la misma música, el mismo tipo de películas, hasta el equipo de fútbol. A mi me parecía simple casualidad pero ella empezó a requerir cada vez más mi compañía y yo empecé a hablarle cada vez más de Laura, mi pareja, para evitar mal entendidos. Laura regresó una mañana y tras hacer el amor y comer bombones, fui ha comprar al centro comercial ya que tenía la nevera vacía. Vi a Pascual vestido con el uniforme del comercio reponiendo las estanterías. Toqué su hombro y le saludé. Giró la cabeza y y me empujó. “ Como tienes valor hablarme. ¡ Aléjate de mi ! “. No entendía que pasaba. “ ¿ Que ocurre ? “. “ No hacía más que hablar de ti, en todo momento hasta que me echo de casa. Estabais liados lo sé “. “ Eso no es verdad Pascual, yo amo a Laura y nunca me liaría con Lola “. Ahora entendí porque estaba en el parque aquel día cuando durante años pasé a diferentes horas y nunca la vi. Su mentira en lo ocurrido con Pascual, la afinidad total, en todos los aspectos, que frecuentara de repente los mismos lugares a los que iba yo, su continuas ganas de verme y esa sorprendente capacidad de adivinar que quería hacer en cada momento. Le expliqué a Pascual lo que estaba pasando y él me dijo que sin duda estaba un poco loca. Volví a casa con la compra y al llegar al centro del apartamento solté las bolsas de golpe rompiendo su contenido. Algo atravesó mi espalda dejándome totalmente paralizado. Mientras caía al suelo pude ver el cuerpo ensangrentado de Laura sobre la cama donde la dejé durmiendo. Mi cabeza golpeó el suelo y perdí la vista. Solo escuche un susurro, lo último que sentiría. “ Si no eres mio, no eres de nadie “.