miércoles, 19 de noviembre de 2014

Estrella fugaz

Que mal me levanté hoy, apenas he dormido. Vivo en un bajo que da justo al pasillo que conduce a la piscina. Todos los días oleadas de niños gritando y jugando, con sus madres y padres gritándoles a ellos. El calor es insoportable, el trafico insufrible y los vecinos unos desconsiderados. En definitiva, no duermo casi nada. Trabajo de vigilante en una obra. Toda la noche solo, ese no es el problema, el principal es mantenerme despierto. Hoy además, me desperté tarde y con las prisas se me olvido la mochila con mis crucigramas y pasatiempos, con el libro y la consola de mano. Diez horas, a ver que hago. Cuando todos se fueron, me acomode en mi caseta rectangular, apenas con una mesa y una silla. Cada hora tenía que hacer una ronda por el perímetro y comprobar las puertas de acceso y la de los materiales. Sería una noche larga. Saque mi móvil que era lo único que tenía, y menos mal porque debía tenerlo por si ocurría algo y necesitaba ayuda. La caseta estaba situada de manera que la ventana se orientaba a la puerta principal, yo me sentaba allí y de vez en cuando levantaba la cabeza, cuando oía un ruido. Mientras echaba un vistazo en el teléfono de reojo note un destello, levanté la cabeza y vi una estrella fugaz, la más grande y brillante que había visto nunca. Era difícil que destacara en aquel tapiz estrellado, o quizás esa era la razón para que se viera tan bien, la obra estaba en las afueras y apenas había contaminación lumínica. Salí para ver el espectáculo más allá del hermoso cuadro que me ofrecía la ventana. Ahora era mucho más hermoso, la estrella que llamó mi atención era cada vez más grande, parecía que venía hacia mi posición. Cada vez se hacía más grande, me empezó a entrar miedo. La trayectoria conducía al astro a un campo cercano, bueno en descampado anexo al que yo vigilaba. A los pocos minutos, más deprisa según se acercaba, impacto contra un montón de arena haciendo una gran nube de polvo y un pequeño cráter. Fui hacia el agujero apartando de mi cara con aspavientos las partículas de polvo, cuando se disiparon pude ver la maravilla. Un gran diamante, dinero en roca. Mis deseos, todos los que había pedido en otras tantas estrellas fugaces se hicieron realidad. Me apresuré a coger con cuidado la piedra incandescente, tenía que esconderla, seguro que alguien más vio el destello y vendrían a investigar. Lo cogí ayudado con una pala lo metí en un cubo de agua, la cual tardo pocos segundos en evaporarse casi por completo. Tenía que esconderlo, sin demora fui corriendo a mi taquilla, y una vez guardado respire. Empecé a soñar que haría con tanto dinero, y a calcular cuánto me darían por aquello. Soñando me hallaba cuando recibí un fuerte golpe en la cabeza. “¡Pedazo de capullo, nos han robado todo”. Mi sueño de riqueza termino en el paro, y teniendo que pagar lo sustraído. Pero eso si, sigo pidiéndole deseos a todas las estrellas fugaces. (Dedicado a Mar Redondo)