Un liquido

Aquel liquido asqueroso, amargo y amarillento. La primera vez que lo probé, siendo un niño, me pareció tan repugnante que juré que nunca más lo probaría. Lo curioso es que no recuerdo cual fue la siguiente, pero al final me acabó gustando. Nadie me obligó, solo que con el tiempo, el sabor dulce de los refrescos me acabo empalagando. Mi paladar y yo cambiamos. Cambiamos porque las personas, según crecen y se relacionan, cambian sus hábitos y gustos. Todas las cosas tienen su momento. Pasé por todas ellas, por todas las que pasa cualquier adolescente, no quiero dar detalles. Pasé también por beber diferentes licores, con variedad de gustos y graduaciones, pero siempre estaba ese líquido amarillento y amargo, y ahora a mis cuarenta, sigue estando. Mientras hago la comida, cuando llego a casa del trabajo y sobre todo cuando quedo con mis amigos, siempre esta. Es por eso que no sé qué me pasara mañana, ni que será de mi vida, pero a no ser que un señ@r con bata me diga que lo deje, siempre me tomaré unas cervezas, fresquitas, amargas y amarillentas. (Dedicado a Riky. Un saludo muy fuerte a la familia.)

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