sábado, 6 de diciembre de 2014

Sobrevivir.

Segundo relato elegido por vosotros por los votos que dejasteis en las encuesta. Como siempre digo, espero que os guste. La siguiente encuesta la colgaré mañana. Dejar vuestras sugerencias en la pestaña "Encuestas blog" en www.durosermon.es, gracias por animarme a seguir escribiendo.---------------------------------------------------------------- Me despertó un fuerte dolor en la cabeza. Al abrir los ojos que se cegaron con el sol de mediodía, y los cerré otra vez. Entro en juego el oído que dibujaba en mi mente imágenes de los cientos de documentales que había visto, sobre todo los de vida salvaje e inexplorada. Un escalofrío Inundó mi cuerpo y recordé que hace un momento iba volando en un viaje de negocios y quedaba poco para llegar a Peru. Giré la cabeza para no cegarme otra vez y el verde intenso dio la razón a mi oído. El olor a combustible casi no dejaba percibir la humedad dominadora de todos los sentidos, e incorporarse era una tarea complicada. Mi equilibrio estaba gravemente dañado por la conmoción, pero conseguí incorporarme, todavía mirando al suelo. Al intentar levantar la cabeza, un dolor intenso en la frente me hizo agacharla de nuevo. En el flash que pudo capturar mi retina durante ese segundo, vi una gran franja destruida entre la vida descontrolada de la selva y trozos metálicos aún humeantes. Intenté levantar de nuevo mi cabeza, esta vez despacio. Poco a poco la escena se iba enfocando, dejándome ver lo terrorífico de lo ocurrido. Varios minutos estuve vagando entre los pedazos del avión y de los tripulantes y viajeros, viendo cosas que mi mente no quería asimilar. Estas imágenes me bloquearon como para no darme cuenta que tenía que intentar sobrevivir, nunca antes vi algo así que no fuera en el cine, esto era real. Cuando recuperé la cordura arrebatada por esas visiones, empecé a recoger todas las cosas que me fueran útiles, mientras pinchazo tras pinchazo mi frente llamaba la atención sobre la enorme herida que tenía. Encontré una manta libre de combustible y otros fluidos, que seguramente fue el lecho de muerte de alguno de mis compañeros de viaje, y me vende la cabeza. No había mucho que aprovechar, pero junto a una de las alas vi una nevera de las que llevan las azafatas cuando reparten la bebida y algunas comidas. Del ala caía un hilo de queroseno que ya había formado un charco bajo ella. La proximidad de la cabina del avión y algunos chispeantes cables que colgaban del techo me hizo recordar otra vez, pero ahora una película o dos, o más, con esta escena. No tenía porqué estallar, los cables estaban a medio metro del charco y además la nevera ocupaba el otro lado. Me acerqué lo más rápido que mis golpeados huesos me permitieron, y agarre con fuerza el asa de la nevera. Pesaba mucho, seguro que dentro tendría comida y bebida suficientes para esperar que vinieran a rescatarme. Me di la vuelta velozmente y me alejé de allí. Respiré profundo, como en las películas siempre sale bien, pero sin explosión y sin salvarme justo a tiempo. Un fuerte estallido, una invisible fuerza me hizo tambalear, y algo de nuevo golpeó mi cabeza. En un sobresalto abrí los ojos, mientras mi cuerpo seguía agitándose. Una sirena golpeaba mis oídos y una mascarilla mi cara. Metí mi cabeza entre las piernas, como me explicaron antes de despegar y pensé que a veces los sueños se hacen realidad.