Temblando

El sonido de sus pasos y su eco era lo único que se escuchaba, quizás alguna gota que caía del techo estallándose contra la piedra que vestía el suelo. Temblaba ante el frío y la humedad, ante la oscuridad y lo desconocido. No sabia como llegó hasta allí, tampoco sabía donde se hallaba. Miraba a un lado y a otro, encendiendo su mechero una y otra vez para por lo menos ver donde pisaba. Avanzaba despacio por la lúgubre caverna, no podía ser de otra manera, la oscuridad y los escombros podían quebrar su pie. Seguìa pensando como fue, que pasó, pero no había nada más, solo él y el laberinto subterráneo de agua y roca. Encontró madera, un palo y unas ramas, para alumbrarse y defenderse, no sabía de qué, pero sentía que tendría que hacerlo. Cuando se despertó aletargado, escucho unos leves pasos y un chillido. Solo un chillido que hizo que su vello se erizara. Pasadas unas horas no vio ni oyó nada más que sus pasos. Con la cabeza gacha para caminar con seguridad, notó que algo le pasaba a pocos centímetros de la cabeza y a gran velocidad. De nuevo su vello cobró vida, sabia que algo le acechaba. Cogió con mas fuerza aún el palo y la antorcha de ramas y se giró a un lado y otro bruscamente, buscando lo que le hacia objetivo. Un nuevo chillido y otra rápida ráfaga de aire que le toco el pelo. Su miedo aumentaba a la vez que la frecuencia de los chillidos. Se arrinconó en una esquina con la antorcha y el palo, de escudo, temblando, temblando mucho, pero ya no sentía frío. Los chillidos aumentaron y los oía cada vez mas cerca y mas veces, y de sitios diferentes ala vez. Siguió caminando rápido, en la misma dirección que llevaba, agitando a un lado y a otro la antorcha y el palo sobre su cabeza. Vio una luz al fondo y ahora si que corrió, cuanto mas cerca estaba la luz más rápido iba. Cuando ya estaba casi en su destino, tiró la antorcha y el palo y empezó a llorar mientras gritaba, a veces el placer no supera a no tener miedo. Justo ante de alcanzar la salida, pudo ver a través de la entrada el sol saliendo tras las montañas, y su cara se calentaba con los primeros rayos del alba. Su llanto aumento cuando salió y vio la montaña y el río, la carretera y sus amigos. Cayó al suelo de rodillas y se sintió libre, se sintió vivo cuando el miedo le hizo creer lo contrario, y sintió como la brisa fría y cortante de la nieve de la montaña, le hizo volver en sí. Levanto la cabeza y vio a su novia y a sus amigos, felices por su regreso. Se reían y sonreían señalándome, que amigos mas increíbles tengo, como se alegran de verme vivo. "Tío menuda borrachera (risas), donde te habías metido.(risas) Eres un bufón (más risas)".

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