Un día especial

Esta mañana todos nos hemos levantado tarde. El desayuno fue suculento y en familia, es día festivo y comienza la jornada más esperada, con la noche más anhelada. Distracción es lo que necesitamos, para que pase rápido y acumular cansancio para dormir profundamente. Un paseo por la plaza, con sus decenas de puestos de todo tipo, o por el parque con los mejores columpios de toda la ciudad, el tema era pasar el día. A comer al “Mcarthy king”, siempre me han gustado las hamburguesas pero solo las como en ocasiones como esta y rara vez más. Si pudiera solo me alimentaría de ellas. Tras la comida un paseo por la Gran Avenida y algún dulce que nos llamó la atención desde un escaparate. Ya quedan solo unas horas, la ansiedad y los nervios se pueden tocar. Llegamos a casa de nuestro paseo y solo se escuchaban risas nerviosas y gritos histéricos de emoción. La tele encendida hacía de sonido de fondo mientras las especulaciones sobre que será y que traerán ocupan todo el tiempo. La cena está servida, pero se convierte en una carrera de velocidad, con el tenedor en una mano y el cepillo de dientes en la otra. Ya están todos acostados pero nadie se ha dormido, será cuestión de tiempo que entre el sueño y el cansancio en escena. Ya no se escucha ni un ruido, yo estuve esperando en silencio. Me levanto de la cama sin calzar mis zapatillas para no hacer ruido, fuí al salón donde mañana se hará la maravilla y la ilusión lo inundará todo. Abro los cajones del mueble del salón, donde sé que esta el misterio. Paquete a paquete coloco todos sobre el sofá. Hay para todos, para los niños, para mi mujer y para mí. Y sonrío pensando que la felicidad de mi familia, es mi ilusión de todos los días. (Para Silvia García)

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