viernes, 24 de abril de 2015

Frialdad

*(Petición de Inés con las palabras clave: Refugio, trastorno y pérdida. Me queda otro de los tuyo xd) La sala era cuadrada y amplia, vestidas paredes de azulejo blanco, suelo también cerámico pero grisáceo y falso techo iluminado con fluorescentes amarillos que a ratos parpadeaban. Alrededor de la sala hileras de sillas de plástico azul enlazadas por estructuras metálicas y rígidas que las unían de tres en tres. El olor típico del hospital se sumaba a todo ello y aumentaba su ansiedad. Además a esas horas de la madrugada en aquel ala del hospital se encontraba sola. De vez en cuando se escuchaban a los enfermeros y auxiliares que hablaban. Se encontraban en un mostrador en mitad del pasillo tenebroso, solo iluminado por las luces de emergencia. Ese pasillo por el que se lo llevaron y por donde esperaba impaciente que le trajeran noticias. De vez en cuando iba hasta las maquinas expendedoras que se encontraban en una sala contigua a esta y sacaba un café solo y bien cargado. No le hacia falta para no dormirse y tampoco le gustaba mucho pero su subconsciente lo consideraba lo más adecuado. Su marido murió hace poco por un paro cardiaco durante la cena, delante de ella y de su hijo adolescente. Fue bastante traumático, sobre todo para el chico que buscó en ese momento refugio en las drogas y el alcohol. Lo que no podía esperar era que reaccionara de esta manera, porque a pesar de sus adicciones no dio síntomas nunca de tener propensión al suicidio. Aquella noche fue clave para que se encontrara allí en este momento y de que se encontrara con este estado anímico tan negativo. En aquella noche en la que celebraban los cincuenta años de su marido, encontraron también el fin de sus vidas hasta ese momento. Sin poder borrar de su mente el gesto de él y de su hijo. Sin poder olvidar la desesperación y la indecisión que pudo ser culpa de su muerte. Ni los vanos intentos de esta en reanimarle. Ni los llantos desesperados de su pequeño durante aquellos interminables treinta minutos que tardó la ambulancia en llegar. Murió en el trayecto, en aquel vehículo, pero ellos no lo supieron hasta una hora después cuando un médico certificó lo que los sanitarios ya sabían. Su hijo desde entonces no fue el mismo y ella poco a poco, a pesar de proponerse luchar por ser la misma, perdió la autoestima, el ánimo y la esperanza. Solo el intento de suicidio de su hijo la hizo reaccionar, algo había que hacer. Pasaron meses como minutos entre la melancolía y el llanto, mientras su hijo se perdía en algo que ella no se preocupó de saber. Hasta ese momento en el que tomó esa decisión, le veía orgulloso e impertinente en sus acciones. Ella le excusaba pensando que era culpa de algún trastorno causado por la experiencia. Hasta hoy era agresivo y cargaba toda su ira contra la sociedad y el estado. No mostró ni un solo indicio de debilidad. Una vez incluso tuvo que agarrarle cuando se cruzaron por la calle con el arrogante e insensible enfermero, responsable de la ambulancia, al cual él echaba la culpa de la prematura muerte de su padre. Andaba metido en historias oscuras. Magullado llegó a casa más de una vez y más de una vez tuvo que ir a por él a comisaria. Ahora se debatía entre la vida y la muerte, seguramente porque no pudo resistir más su tristeza. Su pobre niño resultó seguir siéndolo y sentada en una de aquellas frías sillas rompió a llorar. Se escucharon golpes y gritos por el pasillo. Una de las enfermeras pasó corriendo por la sala haciendo un enorme estruendo al golpear las puertas. Gritando y con la cara desencajada, pasó por allí en pocos segundos y se perdió en dirección a la recepción del hospital. Ella pensó en su hijo y fue a ver que ocurría. Empujó una de las puertas que ya volvieron a su sitio y asomó la cabeza. Uno de los enfermeros salió tambaleándose de la habitación de él. Arrastró su cuerpo por la pared al caer al suelo dejando una gran mancha de sangre que marcaba la trayectoria. En su asombro salió su hijo con un gran cuchillo en la mano. Agarró de los pelos al agonizante hombre y cortó su cabeza recreándose en cada tajo. Dirigió su mirada hacia la puerta donde su madre no daba crédito a lo que veía. Levantó el brazo con el rostro del difunto mirando hacia ella. “ ¿Le reconoces?, ahora papá si que dormirá en paz ”.