Bolras Cap. 16º

Miry ordenó a los chicos que hicieran una camilla con sus espadas y sus capas. A pesar de que nunca hablaron con ella ni sabían cual era su estatus en Bolras, le hicieron caso sin rechistar. Sefy colgó su espada en la bandolera que se preparó para ponerla en su espalda, quitó con tranquilidad las relucientes armaduras de los soldados y las amontonó en el suelo. Fue por su montura, las cargó y tiró de las riendas hasta nuestra posición. “ ¿Cómo estás Ferny? “. “Me duele todo el cuerpo y ya no siento la mano”. Era normal que no la sintiera, en ese momento podía tocar mi antebrazo con los dedos. Lo que más me dolía era la cadera, eso si me daba miedo, una lesión grave en esa zona me dejaría, junto a lo de la muñeca, en un inútil para la lucha y precisamente ahora que más falta nos hacía. Empezamos el regreso a casa, Miry y Sefy iban un poco más adelantados charlando sobre la batalla. Sefy se emocionó y dio un fuerte golpe en la espalda a Miry como si fuera cualquiera de nosotros, ella respondió dándole un fuerte cachete y Sefy reaccionó con una gran carcajada que Miry secundó. Esto reafirmaba más aún la idea que me pasó por la cabeza. Viéndola salvar a Bolras y la confianza que con sus heroicas acciones había infundido en todos nosotros me lo confirmaba, hablaría con los chicos para incluirla en el consejo. Lo discutiría con ellos en cuanto saliera de la casa del doctor, aunque no pudiera andar. Ver la escena de complicidad y camaradería entre ellos me hizo sonreír, pero rompí a llorar pensando en mi torpeza y porque no, envidiando la frialdad y habilidad de una y la valentía y el arrojo del otro. Los chicos que llevaban la camilla al verme llorar me intentaban animar y consolar, yo no podía soportar estar así. Un soldado, un cazador y un hombre libre. Me veía llevado por aquellos chicos de apenas veinte años el mayor y yo a mis cuarenta cumplidos necesitando de ellos para poder sobrevivir. Herido de guerra, eso era, aunque la causa fuera mi torpeza al escalar. Pero lo que me dolía era lo que estaba por venir, donde me temía que no podría ayudar. Miry y Sefy al escuchar a los chicos y mi llanto se voltearon. Sefy se inclinó hasta mi altura: “ ¿Te duele mucho? ”. “Si Sefy, pero lo que más me duele es que temo que no seré el mismo después de esto”. Sefy miró mi mano, esa que fue atravesada por la daga manchada con la sangre del asesino de Bolras y ahora también rota en su unión con el brazo. Giró la cabeza hacía mi: “Me da igual que te quedes impedido, ya te dije que mientras estés conmigo nada te pasará” . Juntó sus labios con mi frente y se separó con gesto preocupado. “Estas muy caliente”, Miry llevó su mano a mi frente: “Hay que darse prisa no está bien” . Aumentaron el ritmo de camino al poblado y yo cada vez tenía menos dolor y más sueño. El resto del trayecto pasó por mi vida en blanco, no recuerdo nada. Desperté llegando al poblado cuando Sefy se dio cuenta de que dormía y vertió agua sobre mi cara: “No te duermas ahora que puede ser la última”. Según nos acercábamos a Bolras y no sé cómo ni en qué momento, los chicos que me llevaban ya no estaban, eran mis compañeros del consejo. Llegamos a la casa del doctor y al llamar no respondía, Korde abrió la puerta, por lo menos para buscar algo para espabilarme y para el dolor, pero cuando entró solo estaban los muebles. Ni el doctor, ni sus sacos de hierbas, ni sus herramientas. Tony: “Debe haberse mudado a casa de Mary, ya sabéis”. Me llevaron hasta allí pero lo que encontramos fue lo mismo, nos dijeron que los vieron irse y no se despidieron de nadie. Ya sabíamos quien era el traidor. Lo que más nos dolía es que la mismísima mujer de Bolras participara en ello llevándose también a su hijo. Pero eso ni nada en el mundo nos haría cambiar nuestra imagen de aquel hombre robusto y cabezón que nos regaló su amistad, su bondad y entregó su vida por la libertad de Goday. Le conocíamos bien y sabíamos de rumores de Mary y el doctor antes de que muriera. Dando valor a nuestra amistad los dimos siempre como habladurías malintencionadas, pero ahora cogían sentido. Me llevaron a la cantina y me pusieron sobre una de las mesas. Hablaban entre ellos, pero para mi todo era un murmullo y siluetas borrosas. Jun trajo unas hojas amarillentas casi doradas y un frasco de miel, untó la miel sobre todo mi cuerpo. La miel era especial, procedía de las colmenas que se hallaban entre los campos de lavanda del sur. Empecé a notar un hormigueo extraño y ya podía enfocar con mis ojos. Cogió las hojas amarillentas y las pegó en la miel convirtiéndome en una especie de crisálida, luego pasaron varios paños cubriendo todo y dejando solo fuera mi deforme extremidad. El remedio de Jun hizo su efecto, pero el estado de excitación en el que estaba entrando hacía resurgir el dolor. Estando ya rígido, los muchachos me pusieron en una posición más erguida. Korde cogió una jarra del licor más fuerte que teníamos y me hizo beber de él. Ambos estados contrapuestos me hicieron entrar en una especie de dimensión paralela en la que vi claramente como Lydi agarraba con fuerza mi mano y la ponía en su posición sin sentir dolor alguno. También les escuchaba hablar y lo entendía todo, pero a los pocos segundos lo olvidaba. Poco después mi cuerpo no aguantó más y me quedé dormido. Cuando desperté, ya anocheciendo, estaba sobre mi cama sin las hojas ni la miel. Virgy y las niñas acababan de cenar, me vieron y vinieron a interesarse. Me habían entablillado la muñeca y el dolor de la cadera había remitido un poco, intenté incorporarme. Rocy la mayor se puso bajo mi brazo poniéndolo sobre sus hombros, Mary la mediana hizo lo mismo en el otro brazo, Sofy la pequeña vino impetuosa y me abrazó con cariño y a su altura. Virgy corrió a quitarla mientras yo intentaba disimular el dolor. Levanté mis vestiduras y vi un enorme moratón que se extendía incluso por la nalga, solo podía apoyar sin mucho dolor la pierna derecha. Virgy: “Ya sé lo que te pasa, quieres saber qué ha pasado en el tiempo que has estado dormido”. Solo asentí. “Iré a buscarles”, “Gracias Virgy”. La miré diferente a otras veces, lo noté. Roci: “ Vete mamá, nosotras cuidamos de él”. Me ayudaron a acostarme otra vez y me colmaron de cuidados, a veces excesivos. Virgy regresó con Jolu que me contó de la vuelta de Silvy. Al parecer cuando llegaron a llanera ya estaban apunto de partir. Iván le dijo que antes de que terminaran el montaje de las estructuras escaparían hacia la puerta de Bolras con los pañuelos verdes. Habría que estar atentos para acogerlos tras la muralla. En lo referente al sur la cosa cambiaba, consiguieron su objetivo de colocar las trampas y hacer fugaces ataques sin bajas. El problema es que el ejército que suponíamos de un tamaño similar a los otros, llevaba tropas del Conde de Marrion pariente del Rey, era el doble que los otros. Otro día nos iremos a la cama sin saber de nuestro futuro. De nuevo lloré de rabia y dolor: “Solo quiero ser libre y vivir en paz”. Jolu me abrazó con cuidado: “Lo conseguiremos”.

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