domingo, 10 de mayo de 2015

Bolras Cap. 14º

Miré a mi alrededor al igual que el resto del consejo, como un reflejo buscando al espía, pero tardé poco en centrarme de nuevo. “De esto ya nos encargaremos más adelante. Silvy continua.” Silvy recuperó el centro y siguió con la traslación. “Estarán aquí en unos tres o cuatro días y advierte que desde Aguas de Goday vienen más, pero no ha podido saber cuantos. Lo que si esta seguro es que atacarán todos a la vez. Al parecer la desaparición del gobernador puso muy nervioso al Rey, pero las últimas lluvias levantaron los cadáveres y los lobos esparcieron los restos por todo el camino. Una patrulla dio el aviso. El Rey monto en cólera y ha ordenado a todos los destacamentos de los alrededores atacar Bolras.” Sin dejar el gesto de rabia por la traición, la preocupación se apoderó de nosotros. El ejercito que vendría por llanera sabíamos que la mitad estaba a nuestro favor, pero no contábamos con más soldados por el sur que se sumaban a la infantería pesada por el paso. Los cinco del consejo fuimos a casa de Jun habiendo antes animado a los demás a seguir trabajando en las defensas. Pasamos por detrás del mostrador y entramos en la vivienda donde estaríamos más tranquilos. Con nosotros vinieron Lydi y Jun, también Miry y Silvy para completar la información. No entraría nadie más. Nunca nos importó que nuestros vecinos escucharan nuestras conversaciones, pero las circunstancias obligaban a ello. Korde comenzó: “Tenemos un problema muy grande. Está claro que las defensas estarán terminadas a tiempo, incluso podríamos mejorarlas. El problema es el numero de soldados. Tendremos que usar todo nuestro ingenio.” Jolu: “Deberíamos pedirle ayuda a los magos, solo ellos nos pueden sacar de esta”. Sefy: “No te dejes guiar por el miedo amigo. Somos los que defendemos y eso nos da mucha ventaja. Además contaremos con unos ciento cincuenta soldados a nuestro lado sobre el campo de batalla.” Lydi: “No os olvidéis de las mujeres, lucharemos como el que más.” Sefy: “Mejor aún, no solo contamos con las defensas, si no que igualamos el número”. Miry: “No olvidéis tampoco a la infantería que viene por el paso, para tal fuerza nos hará falta ser dos a uno como poco”. Tony: “Hay que pensar algo para superar sus armaduras”. Jolu: “Los mejores arqueros tendrán que enfrentarse a ellos, a espada sera un suicidio.” Tony: “Eso no será suficiente. “ Yo andaba distraído intentando buscar como superar sus armaduras de placas, mientras daba vueltas, con mi mano en el bolsillo, una y otra vez a los regalos de Doly. Jolu: “Tenemos que hablar con los magos, tenemos que intentarlo”. Korde: “Ellos no se meterán en nuestra lucha”. Solté una enorme carcajada y todos los demás se me quedaron mirando extrañados. Saqué del bolsillo aquellos pequeños paquetes de cuero fino: “Ya lo han hecho”. Korde se levantó con los brazos en alto y apretando los puños. Rápido el resto se dio cuenta y de manera espontanea formamos un circulo abrazándonos los unos a los otros. Nos dieron parte de su magia y nos sería útil en la batalla. Pensamos simplemente derrumbar las paredes del paso y cerrarlo para siempre, pero los infantes darían la vuelta y tarde o temprano nos tendríamos que enfrentar a ellos. Había que hacerlo cuando estuvieran debajo. Para ello necesitaríamos a nuestros más ágiles y hábiles luchadores. Irían Miry y Jolu. Miry colocaría las cargas en los huecos de las rocas con su destreza en la escalada y Jolu lanzaría la certera flecha que sepultaría a los soldados. Ambos también eran veloces en estos terrenos si tenían que escapar. Solucionado el problema del paso, empezamos a centrarnos en los otros dos frentes. Yo quise saber más sobre las armas de asedio. “¿Como son esas estructuras?” Silvy: “Yo no vi ninguna estructura, solo unos carros con planchas y largueros de madera”. Korde: “Entonces contamos con un día más. Las montaran cuando lleguen a la explanada.” Otra buena noticia, si algo necesitábamos era tiempo. Ya sabíamos que los que lucharían a nuestro lado llevarían pañuelos verdes, lo que desconocíamos era en que momento de la batalla los mostrarían y como juntaríamos las lineas. Eso de momento era un misterio. Enviamos a Silvy de nuevo a ver a Ivan para conseguir la información que nos faltaba. Esta vez iría con el hijo menor de él y una de sus mejores amigas. Empezamos a diseñar una estrategia para los que vinieran por el sur. Usaríamos la habilidad de cazadores para mimetizarnos entre la vegetación e ir mermando el numero y moral de las tropas. Haríamos trampas alrededor del camino y el algunas zonas estratégicas de parada y descanso. Ya estaba todo dicho a la espera de nuevas circunstancias que pudieran cambiar los acontecimientos. En pocos días nos enfrentábamos a la batalla que desde el principio esperábamos. Salimos todos con la mirada perdida y dando vueltas a lo hablado. “De momento ni palabra a nadie”. Todos asintieron y cada uno fue a realizar sus tareas, todas ellas centradas en este momento con las defensas. Al llegar la noche el foso estaba casi terminado, seguramente el siguiente turno lo hará. Decidimos los cinco dar un paseo alrededor de todo Bolras para visualizar cualquier resquicio aprovechable por los atacantes y otros detalles para reforzar nuestro ataque. En la pared del foso que daba al muro decidimos poner palos a modo de picas. Tras el muro colocaríamos un altillo para que los arqueros pudieran disparar desde cubierto. Reforzamos las atalayas y las fijamos al suelo. De momento, con un par de cosas menos importantes, convertían nuestro pequeño poblado en una pequeña fortaleza. Además contábamos con el convencimiento y el deseo de libertad de sus habitantes. A pesar de todas las malas noticias nos fuimos a descansar más optimistas de lo esperado. Al llegar a casa Virgy terminaba de dar la cena las niñas y a sus sobrinos. Ellos no paraban de decir que querían dormir allí juntos. “No podéis quedaros aquí, esta no es nuestra casa”. Yo repliqué: “No digas eso, si se quieren..” Virgy me interrumpió con un gesto de cabeza y con un guiño y dijo: “Pero os dejo que durmáis donde los tíos”. Todos los niños rieron y saltaron de felicidad. Sonreí por la jugada de Virgy y por que sentí que me deseaba. Me acerque a ella y la besé en la mejilla. “Me encantas.” Ella se levantó nerviosa mirándome y sonriendo. “Vamos niños. Primero a lavarse la cara al lago.” Salieron gritando y corriendo desbocados en dirección al agua. Virgi salio despacio y yo me quedé mirándola. Recordé que no había comido nada y miré en la hoya que quedó allí, aún había unos pedazos de pescado en una sopa con hiervas. Me puse a comer y a pensar. Los momentos felices y las malas noticias se mezclaban dejándome atontado mirando a la pared. “No podemos fallar”.