domingo, 3 de mayo de 2015

Bolras Cap.12º

Las siguientes horas pasaron entre caricias, besos y cuerpos desbocados. Empezando otra vez tras tanto tiempo en soledad. No hizo falta decir nada, como si antes de que eso ocurriera ya fuéramos pareja y así nos despertamos. Desayunamos entre comentarios jocosos y anécdotas, y nos despedimos con un gran beso y un abrazo. No hacía falta más que el resto de Bolras lo supiera, sin ceremonias ni fiestas, de forma natural. Así que caminé hacia la cantina con la dentadura al aire y mis pensamientos volando alrededor de mi cabeza. “¡Ferny!” Giré mi cabeza y vi a Jolu que venía de la guardia. “¿Como es posible que no me vieras? Recién levantado ¿no? Vamos a desayunar.” “Si recién salido del paraíso” Jolu se rió: “No sabía que te gustara tanto dormir, perezoso”. Le miré reconociendo su inocencia: “Si, vamos a comer algo”- Al entrar encontramos al resto del consejo, unos desayunaban y otros cenaban. Andaban aún hablando de la reunión con los magos en la cueva. Tony: “Si conseguimos su apoyo todo Goday será libre”. Korde: “No se si van a querer meterse en las luchas de los hombres.” Sefy:”Hablaremos con ellos y veremos que quieren decirnos. De todas maneras ya pensábamos que Goday sería libre a base de arco y espada”. Korde: “Eso va a ser inevitable con magia o sin ella.” Jolu: “Buenos días. Tanto divagar no nos lleva a nada. Vamos a terminar el foso y a medio día sabremos la respuesta.” Terminamos de coger asiento, acabamos esa conversación y empezamos a hablar de las defensas. Terminada la comida Jolu y Sefy se fueron a dormir, los demás fuimos a continuar cavando en el foso. Al llegar medio día les despertamos y fuimos a comer algo antes de la reunión. Decidimos ir sin armas y mostrar respeto por tal inexplicable fuerza. Incluso nos lavamos y vestimos bien, dando valor al momento. Entramos en la cueva y nos quedamos en silencio esperando. De la nada en un segundo aparecieron las siluetas de los dos magos. “Presentíamos que sois hombres justos y cabales, pero vuestra presentación nos ha terminado de convencer”. Me adelanté y con una reverencia solicité: “Nos gustaría, si no es ofensa, saber sus nombres.” La hermosa y misteriosa mujer se adelanto hasta llegar a mi altura. Me miro fijamente y sonrió. “El es Alexauron invocador de criaturas y defensor del bosque, yo soy Doly repelo indeseables y soy la guardiana del lago.” Al oír sus nombres la habladurías y leyendas se hicieron realidad. Esta vez todos les reverenciamos. Alexauron: “Levantad vuestras cabezas, tenemos que hablar de Bolras”. Llegó el anochecer informándoles de nuestras intenciones y de porque estábamos allí. Ellos nos advirtieron que defenderían el bosque, el lago y la montaña fueran soldados o ciudadanos de Bolras. Lo que si que nos cedieron fue un pequeño manuscrito en el que estaban redactadas las normas a seguir para convivir en paz con la naturaleza. Prometimos seguirlas y la hicimos parte de nuestros valores. Cuando la reunión terminaba antes de salir Doly me llamó a su lado; “Se que tenéis problemas con unas rocas en el foso, Haz un hueco profundo en ellas y mete esto. Luego apartaos todos y disparar una certera flecha de fuego contra ello.” Puso en mi mano varios pequeños paquetes hechos con cuero fino y rellenos de una especie de arena. “Gracias señora”. “Sobre todo tener cuidado. Esto que te di es muy poderoso.” Me despedí con otra reverencia y salí de la cueva. Al mirar mis manos vi aquellos pequeños paquetes y conté mas de una decena. Solo había tres rocas que supusieran realmente un problema. “Eso es que sabe que encontraremos más”. Menos mal que los el resto de compañeros siguieron avanzando ya que en toda la tarde no hicimos nada en el foso, pero aún así seguía a buen ritmo. Fuimos Korde y yo hasta la primera roca. Korde con su maza, un cincel y su gran fuerza, hizo en pocos minutos un hueco lo suficientemente profundo como dijo Doly y ancho para que la flecha entrara. Metimos uno de los paquetes dentro. Korde “Espero que la bruja no nos quisiera engañar.” Le dije que se pusiera a mi espalda y cargue mi arco. La primera flecha golpeó a apenas un centímetro del hueco creando unas grandes chispas. La segunda entró golpeando contra las paredes del hueco y al llegar con el paquete la roca salto en pedazos provocando un gran estruendo. Todo el mundo se acercó a ver que pasaba. Korde y yo alucinábamos del poder de aquellos paquetes. Korde: “Han puesto parte de su magia en nuestras manos”. Yo: “No puedo creer que sea cierto”. Les contamos lo que los señores de la montaña nos habían dado y el saber que estaban de nuestro lado provoco euforia entre la gente. Los del consejo fuimos a casa de Jun a contarle todo. En realidad tanto él como su mujer Lydia eran indirectamente unos grandes consejeros y una gran ayuda en la toma de decisiones. Estábamos allí celebrando futuras victorias cuando entró por la puerta Virgy. Se acercó a la barra de la cantina saludando a todo el mundo. No la perdí de vista en ningún momento. Esperó pacientemente a que Jun le diera la cena para ella y las niñas, mientras nos dedicábamos miradas cómplices entre la ignorancia de la gente. No me pude resistir y la llame a la mesa. “Virgy ven, siéntate con nosotros” Virgy se acercó a la mesa y se quedó de pie junto a ella. “Lo siento chicos pero se me hizo tarde hoy, tengo que atender a las niñas, En cuanto tenga la cena me voy.” Me levante y le di un beso largo y apasionado delante de todo el mundo. “Yo iré luego a casa.” Jun: “Virgy ya tienes esto”. Virgy se puso colorada. Cogió la comida y antes de marchar se acercó tímida a mi y me beso otra vez. Se fue por la puerta con la cabeza gacha, avergonzada como una niña pequeña. Pensé en alto: “Me encanta como es”. Todos los chicos empezaron a reír y a golpear mi espalda como signo de aprobación. “Bueno Ferny ya pensábamos que que estarías solo para siempre”. Dijo Korde. Sefy replicó: “A ver si Tony espabila es el único que esta soltero”. Tony: “A mi no hay mujer que me retenga”. Todos reímos otra vez. Korde “Eso ya lo veremos.” Apenas estuvimos unos tragos más en la cantina y unos a dormir y otros a a trabajar tomamos nuestros caminos. Llegué a casa y entré despacio y sin hacer ruido. Las niñas estaban cada una en su camita y yo entre sigilosamente en la mía donde se encontraba Virgy. Parecía dormida así que me tumbé boca arriba y empecé a pensar en lo rápido que estaban sucediendo los acontecimientos. Ella se dio la vuelta, me abrazo y siguió durmiendo con su cabeza en mi pecho. Metí mis dedos entre su pelo y me dormí yo también.