Serendipia

*(Petición de Sefy con las palabras clave: esternocleidomastoideo, serendipia y júpiter. Me he divertido mucho escribiéndolo, espero que tú lo hagas también, si te hago otro hermano.) “No lo entiendo, no doy con ello”. Me senté en la cama desvelado. Hacía una larga temporada que se me encomendó la tarea de averiguar una extraña afección en el esternocleidomastoideo de los astronautas que regresaban de Júpiter. A pesar de que nuestras lanzaderas fueron ya examinadas antes de ser utilizadas y tenían revisiones mensuales, yo incluso eso comprobé. Las múltiples pruebas médicas no daban una solución concluyente. Eran simples contracturas pero lo suficientemente graves como para tener que solicitar la baja durante unas semanas. El estado mayor solicitó este trabajo por lo frecuente de los casos y por el coste que estaba suponiendo para las arcas del estado. Mi mujer se despertó. “Tienes que intentar dormir. No puedes pensar en el trabajo incluso en tus horas de descanso y sabes que consigues que yo tampoco duerma”. Me tumbé de nuevo y la di un beso. “Lo siento cariño ya intento dormir”. Me quedé en silencio pero seguí dándole vueltas al caso. “Sé que estás despierto. Si no consigues averiguar que ocurre, ¿Por qué no haces el viaje tú?. Así quizás lo descubras”. Me giré hacía ella. “Te quiero. ¿Te lo he dicho?. Mañana mismo hablaré con mis superiores”. “No sé que harías sin mi”. “Pues mi niña, tienes razón.” Al llegar al laboratorio al día siguiente tardé apenas unos minutos en ir a ver a mi superior. No pusieron problemas, unas pruebas médicas, otras físicas y en el próximo viaje partiría. No hubo ningún problema en ninguna de ellas. No sólo me cuidaba de la alimentación, bueno mi mujer, si no que hacía ejercicio regularmente. Emocionante fue la partida y durante el viaje me sentí como cuando era niño en una atracción de la feria. Gracias a los últimos avances en los sistemas de propulsión tardamos apenas unos días en llegar. No descubrí la solución al problema, pero si comprobé otro más que nombrado por los astronautas. La comida deshidratada y envasada al vacío que llevan en la lanzadera cubre de sobra las necesidades básicas del un hombre adulto, lo único es que producen estreñimiento. Teniendo en cuenta que el baño de la nave se podía decir que era una bolsa y que estábamos todos en un solo cuarto, lo aumentaba. Ya lo habíamos comentado durante el viaje. Me dijeron que en la estación de Júpiter había varios baños con taza para sentarse. Dejé de leer el libro que llevé, esperando ese momento. Cuando llegamos a la estación un saludo rápido y todos fueron a los baños. Yo como científico fui recibido por mi homónimo y tuve que esperar un poco más. Me enseñó todas las instalaciones entre dolor y retortijones. Yo le pedí un par de horas para acomodarme. Era un hombre educado y amable. “El tiempo que necesite”. Fui corriendo con mi maletín y me senté en aquel asiento caliente. Saqué mi libro y lo abrí por donde marcaba el separador. Tardé mucho tiempo, pero antes de terminar, la serendipia, entre la lectura y los esfuerzos di con la solución. Metí el libro en el maletín con una mano mientras con la otra sacaba mi libreta. Terminé la fisiológica tarea a la vez que mi informe. En él detallaba con claridad la causa de las afecciones musculares y de su posible remedio. También hice mención sobre los efectos secundarios de la comida interplanetaria y su parte de culpa en el problema. Acompañé el informe con una recomendación para mis superiores. “Sugiero por lo redactado anteriormente que denuncien con el fin de resarcir los daños, tanto físicos como económicos, a los ingenieros diseñadores de la estación espacial de Júpiter por el mínimo tamaño de los cuartos de baño”.

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