La unión perfecta. Parte 2ª

Tras la siesta todo era dolor de cabeza y un extraño malestar muscular. Pasamos la tarde los dos hablando de los pocos datos que teníamos, más bien especulando, pero no se que tiene ese brebaje que nos tenía a los dos totalmente derrotados. Pronto fuimos a la cama deseosos de recibir la primera pista. Temprano ya estábamos en la catedral. No tuvimos que decir nada, diractamente nos acompañaron hasta el cuarto de ayer. Se escuchaban las llaves tintinear tras la puerta que se encontraba en un lateral de la sala. Nos dio tiempo de observar, ya más tranquilos y serenos, que toda la habitación estaba llena de estanterías con libros. Estos se notaba que eran antiguos, como los muebles y alfombras que nos rodeaban. Sentimos la tentación de echar un vistazo a aquellas joyas, pero cuando reunimos valor para hacerlo la puerta se abrió. “ Buenos días “. Respondimos. “ Aquí tenéis los manuscritos. Solo podréis estudiarlos aquí y solo hasta las ocho de la tarde “. Rápido pregunté por lo que necesitábamos. “ ¿ Con cuanto tiempo contamos ? “ “ Todo el que necesitéis para hallar un camino “. Tardamos en empezar lo que invertimos en agradecer y despedirnos de aquel extraño hombre del tintineo. Los religiosos marcharon dejándonos la sala para hacer nuestro estudio. El escrito estaba en latín y la grafía era difícil de interpretar. Invertimos varias horas solo en traducir el primer pergamino, cuando a Sefy se le ocurrió algo. Se levantó y llamó al monje. “ Discúlpeme, ¿ No tendrían el texto ya traducido ? “. El monje se echo a reír. “ Habéis tardado más de lo que esperaba en pedírmelo. Ahora os lo mando traer “. Cuando salió de la sala Sefy y yo echamos a reír también. Solo me salió decir: “ Vaya par de alelados “. Volvimos a hacerlo. No tardaron mucho en traernos las traducciones. Pero aún que estuvieran en castellano, las hicieron en el siglo XVII. Por lo menos se entendía y empezamos a sacar cientos de anotaciones, de momento sin un sentido claro. Decidimos los dos primeros días recopilar la mayor cantidad de datos posibles y los días siguientes intentar unir algunas piezas. El tiempo pasa muy deprisa cuando lo que haces te apasiona y sin darnos cuenta ya teníamos algo claro, también más de una semana de trabajo. La reliquia se nombraba continuamente como “el necio” o “el tonto”. No entendíamos muy bien que significaba, pero si sabíamos que debíamos viajar a una población de Guadalajara, importante en la reconquista del siglo XI y más adelante como lugar de acogida de reyes, políticos y artistas. Con algunos datos más y el convencimiento de que íbamos en buen camino, viajamos a Jadraque sin más demora. Hablaban de instancias reales donde fue guardada y protegida, el problema es que en aquella población había varias. Los textos en latín databan precisamente de la época de la reconquista y fuimos directos al castillo del Cid. Hablaban también de algunas poblaciones de los alrededores de Burgos como lugar de salida de nuestro tesoro. No sabíamos si estaría aquí, pero de que pasó estábamos seguros. Buscamos entre las rocas de los monumentos y casonas, entre los grabados de las fachadas y el interior de las ermitas. Nos detuvimos un par de días para documentarnos en la biblioteca municipal. Debimos hacerlo antes ya que allí se abrió un nuevo camino de investigación. Un anciano del lugar nos vio repasando una y otra vez libros y pergamino antiguos y se acercó. “ Creo que sé que buscáis. Hasta ahora ninguno de los que vinieron me creyeron, pero yo se donde puede estar “. Nos miramos extrañados, pero le pedimos que nos lo dijera. “ Esta en Agartha “. Yo puse un gesto extraño ya que a pesar de que había oído hablar de aquella civilización no me documenté nunca ya que formaba parte de una leyenda esotérica. Sefy sonrió aguantándose la risa. “ Gracias por la información señor, que tenga un buen día “. El señor se dio la vuelta resignado y mientras marcha nos dijo. “ Volverán más hasta que alguno me haga caso. Gengis Khan mandó que se lo llevaran “. Eso nos llamó la atención ya que ambos datos cuadraban. Agartha según la leyenda se encontraba en Mongolia, en el desierto del Gobi. Sabiendo que no nos pusieron tiempo y disponíamos de mucho dinero, nos pasamos a los ordenadores y a rebuscar en internet datos sobre la revelación que nos habían hecho. Leímos muchas supuestas transcripciones y supuestos datos sobre unos textos escondidos que pocas personas pudieron ver. Nos sonaba todo a cuento, a una invención para una mitología extraña. Era como una película de ciencia ficción y nos veíamos en el desierto como Indiana Jones buscando un tesoro perdido. Hasta nos imaginamos con los sombreros y los látigos lo que nos provocó la risa. Risa que nos abrió una conversación en la que eramos protagonistas de una increíble aventura como las que de niños soñábamos. Ese día nos fuimos a acostar pronto para ir temprano al aeropuerto. Cogimos billete a Ulán Bator y allí alquilaríamos un coche para ir hasta Mandalgovi. Desde allí iniciaríamos nuestra búsqueda por aquellas llanuras. Ya estábamos impacientes.

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