jueves, 27 de agosto de 2015

Cobardes

(Petición de Lydia con las palabras clave: Espejo, disfraz y máscara. Gracias como siempre por tu apoyo , te quiero mucho. Como siempre espero que te guste. A veces me siento a escribir con la denuncia e indignación como banderas). Una historia de injusticia e inhumana. Un cuento sobre los valores denigrados hasta el subsuelo. Un relato sobre la locura del poder y el odio hacia el diferente. La guerra es cruel y hace crueles a las personas. Las ordenes de los que ostentan el poder también. Él no eligió su tarea y todos los días al llegar a su habitación se quitaba su disfraz de soldado y se echaba a llorar. Su batallón, lejos del frente, recogía los escombros de la vergüenza y su humanidad no podía disimular más su indignación. No cogió un arma desde que terminó la instrucción, no hacían falta, sus armas eran unos guantes de goma y un estómago a prueba de bombas. No cenó, como todas las noches desde que llegó allí, con los rostros contraídos e inertes de aquellas personas en su mente y el olor de la carne quemada en su nariz. Se echo en la cama a intentar dormir con miles de remordimientos infundados, no deseados ni elegidos. Al día siguiente la misma rutina de gesto apático y triste mientras desayunaba, pero era diferente, superior. Al pasar por el espejo de la entrada antes de salir se paró. No se reconocía, pero no por su cara, si no por su rol en esta locura. Salió del cuarto con una sensación extraña, más de lo habitual y ganas de hacer algo al respecto. Sus compañeros con fusiles y pistolas acorralaron al enemigo y les obligaron a entrar en el hermético campo de batalla. Él, después de no pensarlo demasiado, entró también tras ellos. Miró a su alrededor mientras el ataque les fulminaba poco a poco y al ver las caras de terror y sufrimiento de sus contrarios se rindió del todo. No quería seguir participando de esa absurda lucha y quitó de su rostro la mascara de gas. Así terminaría con el sufrimiento de su moral y dignidad moribundas, con sus ídolos y mandatarios demonizados y desplazados a las más profundas cloacas. La brutalidad que contemplaba todos los días se le hizo insoportable y puso fin a su calvario. Fue quemado como todos los demás, como cualquier otro enemigo, por su cobardía y su traición. Le quemaron sus compañeros, los más cobardes y traicioneros.