Vengados por el desprecio

(Petición de Esperanza con las palabras clave: Herrumbre, sopanda y eureka. Desde la biblioteca publica de Collado Villalba, ya que hasta la próxima semana no tengo ni wifi ni teléfono. Digo esto para que entiendas la tardanza. Como siempre lo que me sugieren las palabras. Este relato ya lo escribió la historia, solo pongo una reflexión de las mías, como siempre jejeje. Espero sea de tu agrado, ya me dirás. ) Se encontraban aislados, encarcelados en el fondo de una mazmorra húmeda y oscura. Prisioneros de guerra, más bien robados de sus familias apenas adolescentes. Los dos últimos años los pasaron haciendo todas las tareas desagradables y sucias del mantenimiento del palacete. Nada más salir el sol eran despertados y alimentados con algo de pan mohoso y un poco de leche de cabra mezclada con agua. No difería mucho de las otras dos comidas que les daban. A veces al medio día les daban algo de carne o pescado, si les sobraba a los demás, perros y gatos incluidos. Una mañana el guarda que les iba a levantar les trajo el desayuno, pero les dijo que de momento no tendrían que trabajar. La primera vez desde que fueron recluidos que no tendrían que realizar sus tareas. El guarda se sentó frente a ellos entre toses y con unas extrañas rojeces en la piel. Gracias a los años compartidos, a pesar de sus diferentes posiciones, Tenían cierta confianza y le preguntaron. " ¿ Estás enfermo ? Manda a otro que haga tu trabajo ". " Todos están enfermos. ( Toses ) Incluso el Conde y sus médicos ". Pensaron que era cuestión de tiempo que ellos también cayeran en la enfermedad. El soldado se levantó tras descansar. " Esperemos que solo sea una intoxicación del agua o de la comida. Se habla que la fiebre negra ha matado a muchas personas en vuestro país ". Luego se fue dejando en los chicos un vacío que llenaron de ideas sobre lo que pasaba y sobre lo que podía pasar. Estuvieron esperando pacientemente a que llegara la hora de la comida y nuevas noticias. Llegó el medio día y nadie apareció. Solo escuchaban de fondo sonido de carros y algunos llantos desconsolados. " No han venido a darnos la comida. Si no vienen esta noche habrá que pensar en escapar ". Ya no era el miedo a la enfermedad lo que les tenía preocupados, si no el hecho de haberse quedado allí encerrados y morir de hambre. No esperaron a la noche y empezaron a buscar la salida. Dos años en aquellas pequeñas estancias les dieron tiempo para conocerlas bien. Al ser un castillo antiguo toda la estructura estaba remendada. Las vigas que había sobre las entradas de sus celdas estaban sujetas por unas sopandas de madera ya que se encontraban en muy mal estado. Estás no estaban amarradas, solo sujetaban el peso de la viga. Empezaron a golpearlas con las patas que arrancaron de una de las camas. El gran listón de madera se movía milímetro a milímetro hasta que la viga se empezó a doblar hacia ellos. " Ahora hay que tener cuidado, si no se caerá sobre nosotros. Corre hacia la columna cuando veas que se parte. Así fue como ocurrió. Tuvieron que apartar muchos escombros para llegar a la escalera que les sacaría de allí. Según se acercaban a la salida veían a los vasallos del conde tirados por el suelo, con grandes heridas que supuraban sangre y pus. La mayoría yacían muertos, pero unos pocos aún agonizaban y les pedían ayuda. Ellos les esquivaban por el temor de ser contagiados. Salieron a la explanada donde los cuerpos ya se veían amontonados en grandes pilas. Vieron a los otros esclavos recogiéndolos y llevándolos. Ninguno de ellos manifestaba síntomas de haber contraído la enfermedad. Les dijeron que se detuvieran, que todos los que no enfermaron se habían ido por miedo a una dolorosa muerte y que ya no eran de nadie, les abandonaron. Cogieron víveres y marcharon hacia el bosque para montar un campamento. Pasaron los días y se congratulaban de haber sido liberados de aquel atroz sufrimiento y posterior muerte, achacándolo a alguna intervención divina. Aunque se encontraban a un par de kilómetros de la ciudad y no volvieron por allí por puro miedo, empezaban a necesitar mas comida. La caza no era mucha no fácil y los peces escaseaban en el río, a pesar de que siempre fueron muy numerosos. Algunos de ellos empezaban a sentir debilidad y otros algunos sospechosos síntomas de la terrible plaga. Decidieron volver a por más víveres. Cuando llegaron los único que vieron fue algunos perros alimentándose del los restos de los ciudadanos muertos. Había cientos de hogazas enmohecidas de pan que además era lo único que se podía aprovechar. Metieron todas las que pudieron en unos sacos y marcharon. Les preocupaba mucho que alguno pudiera estar infectado y los sospechosos se alojaron a unos metros, sin mezclarse con ellos. Volvieron a la dieta casi diaria de pan mohoso y agua, con algunas alegrías en forma de pescado o alguna liebre. Curiosamente todos sanaron unos días después y uno de ellos el más espabilado relacionó las circunstancias para entenderlo. " Eureka ". La herrumbre que recubría los panes fue lo que les salvó y fueron a sus ciudades y países de origen a difundir el conocimiento. La recuperación en la natalidad y la sed de venganza obligó a expandirse hacia otras tierras aprovechando la debilidad del país vecino. Uno de estos chicos se hizo soldado y llevaba todas las mañana pan y agua a los prisioneros de batalla. Todo se dio la vuelta gracias a un suceso casual y ahora su nación dominaba en aquella región. La mejor arma que encontraron para luchar con su enemigo, fue el deprecio que ellos les hicieron.

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