miércoles, 12 de agosto de 2015

Su misión

(Petición de Ana Flugelazoo con las palabras clave: Melancolía mar y despistada. Bueno me he centrado más en una de las palabras, pero como sabes ......pues lo que me sale y me sugieren. Espero que te guste, un saludo y gracias por todo.) “ ¡ Señorita, señorita ! “. Se dio la vuelta porque algo le decía que era a ella. El camarero del restaurante se acercó con la bolsa de la compra. “ Muchas gracias. Soy muy despistada “. Y le sonrió. “ Ha tenido suerte. Aquí en el paseo marítimo hay mucho ratero y oportunista “. Le entregó la bolsa y ella marchó, como siempre, reprochándose esta peligrosa cualidad. Con melancolía recordaba sus momentos infantiles y juveniles, sin olvidar que desde pequeña ya sus despistes le costaron disgustos, perdidas y más de un mal entendido. Al hacerse mayor pudo corregir algunas cosas, pero eso no evitó, ahora que vivía sola, estar apunto de quemar la cocina más de una vez y sobre todo dejarse las llaves dentro. Cuando salía a la calle pensaba casi en todo momento si se dejó algo encendido o abierto y eso provocaba más despistes. Cruzó la calle para sentarse en una banco bien situado a la sombra de un árbol y mirando al mar. La brisa le refrescaba la cara, el olor húmedo y salado que traía le impulsaba a cerrar los ojos y soñar. Le encantaba hacerlo mientras a su espalda sonaban los vehículos pasaban, el cacharreo y las comandas de los restaurantes, las conversaciones de los clientes en la terraza y alguna que otra sirena. A su frente el sonido típico de cualquier playa con las olas rompiendo en la arena de fondo. Por eso vino aquí junto al mar. Pensó que alejada de su entorno encontraría su equilibrio y parece que poco a poco iba funcionando. Además le encantaba el mar y el buen tiempo casi perpetuo de la zona. Cuando propuso a sus padres ir lejos a trabajar, estos le ayudaron hablando con un antiguo amigo de la familia. Su padre le conoció en su trabajo y ambos pasado el tiempo montaron sus propias empresas. Ella había trabajado ya casi un año con su padre con lo que además contaba con experiencia. La respuesta fue positiva y ella marchó a la costa, ayudando también a la economía familiar. La empresa de su padre estaba sufriendo circunstancias desafortunadas que hicieron frenar su progresión y su marcha suponía un sueldo menos y seguir teniendo a su hija con trabajo. Abrió los ojos cuando notó que el calor a su alrededor descendía y el viento se volvió más fuerte y fresco. Unas enormes nubes se acercaban amenazando tormenta. Fue a su casa y guardó la compra, preparada para disfrutar de los dos días de vacaciones que le quedaban. Recordó que una de las razones por la que salió de casa era revisar el buzón, como no, se le olvidó. Bajó al portal y recogió el correo. Lo dejó encima de la mesa del salón y fue a la cocina a por un refresco. El teléfono sonó en su bolso que estaba en el salón. Intentó soltar lo que tenía en las manos con cuidado y corrió a por él. Mientras lo buscaba en aquel amasijo de cosas dejó de sonar, un segundo después lo encontró. Era su padre que le dejó un mensaje. En él decía los bien que iba la empresa. La gran cantidad de nuevos clientes e ingresos que estaban teniendo desde que ella marchó. También le explicaba que no hacía falta que volviera ya que habían contratado a tres personas más para cubrir el trabajo y que entendían que quisiera ser independiente. Además le aviso de un ingreso importante en su cuenta para que viajara y se estableciera en otra ciudad un poco más al norte por la costa, donde trabajaría con otro gran amigo de la familia. Sentenció con un: “ Esa es tu misión “. No entendió muy bien que quería decir, ella estaba muy bien en su trabajo y nunca recibió queja. Sabía concentrarse en su tarea para evitar sus famosos despistes. Llamó a su padre para que le explicara bien y comunicaba. Cogió el correo de nuevo para revisarlo y encontró una carta de los abogados de su empresa donde le explicaban la quiebra total y le citaban para llegar a un acuerdo sobre su liquidación. Era normal que su padre ya lo supiera, son amigos íntimos, pero en su cabeza todo empezó a encajar. Volvió a recordar infinidad de momentos de su vida y lo unió a las circunstancias actuales. Ya entendió su misión. Ella no era despistada, era gafe.