jueves, 28 de mayo de 2015

Enfermizo

*(Petición de Carlos S. con las palabras clave: Limerencia, inefable y serendipia. Bueno espero que esté a la altura jeje.) Al principio corrió asustado en la dirección por la que vinieron. Miraba hacia los lados buscando un punto de referencia que le ayudara a volver a casa. Entre los sonidos y los olores también busco un guía. Llegó a esa colina con unos amigos y con la mujer que amaba. Se separó unos minutos y al volver ya no estaban ni ellos ni el vehículo. No era solo el hecho de estar solo en el bosque o de que hubieran desaparecido sus amigos, la limerencia hacia aquella mujer le hizo estar ansioso. No podía estar separado de ella y no permitiría que otro ocupara su lugar nunca. Pasados unos minutos dejó de correr y empezó a caminar entre cansado y confundido. Pasaba entre los árboles despacio y sin hacer ruido ya que sintió unos sonidos a lo lejos en su dirección. Era el sonido inconfundible de los coches. Había una carretera cerca y por tanto un camino hacia casa. Otra vez aceleró el ritmo hasta llegar y se paró unos segundos enfrente a ver los coches pasar, como intentando encontrar el de su amada. A lo lejos vio la ciudad y empezó a reconocer lugares y cosas. Por el camino tuvo que escapar de unos chicos de la periferia que con palos en las manos se acercaron a él, seguramente con malas intenciones. Poco antes de llegar a la ciudad estaba la urbanización en la vivía con su familia. Cuando llegó pasadas varias horas el coche estaba en la puerta y dentro se escuchaba música y risas como si nada hubiera pasado. Cuando llamó a su amada esta salió con gesto serio y con una escoba en la mano con la que le empezó a golpear. No entendía nada y se quedó parado, aguantando los golpes e insultos que esta le propinaba. Lo inefable se hizo realidad. La mujer que amaba de manera enfermiza y por la que daría la vida le estaba rechazando. No solo eso, le estaba echando de su hogar. Menos mal que en ese momento pasaba el cartero con la intención de dejar un paquete. Este calmó a la mujer que dejó de golpearle. Se encontró la serendipia entregando el paquete y llevándose a aquel pequeño y feo chucho, que pasado el tiempo le amó con locura y de manera enfermiza hasta su muerte.

domingo, 24 de mayo de 2015

La fuente del conocimiento

*(Petición de Edu con las palabras clave: hipopotomonstroesquipeliofobia, annunaki y lefa. Me encantan tus palabras por que suponen un verdadero reto. Eso si las próximas que pongas más cortas que las largas me dan fobia jejeje. Un saludo compañero.) Indiana Jones le marcó la vida. Desde muy pequeño jugaba a buscar tesoros enterrados y no dudaba ni un momento cuando se tenía que adentrar en cualquier cueva. Sus padres le tuvieron que sacar más de una vez del alcantarillado. Se hizo mayor obsesionado con la búsqueda de tesoros escondidos y claves secretas en escritos antiguos. Salió de la facultad con tal historial que tardó muy poco tiempo en conseguir un buen trabajo en lo suyo. Las ganas de cumplir su sueño le hicieron disciplinado y ese esfuerzo se vio recompensado. Viajaría hasta Mesopotamia para participar en unas excavaciones muy cercanas al río Tigris. El viaje fue tranquilo y la llegada a la excavación intensa y nerviosa. Todo en los primeros meses transcurrió con normalidad. La mayor parte del tiempo limpiaban arena y removían la tierra en busca de un trozo de cerámica, una baratija o un hueso. Pocos fueron los hallazgos hasta que la pala se detuvo en la roca. Siguieron cribando toda la tierra esperando descubrir la roca que les tapaba el camino. Notaron rápidamente que la roca que estaban descubriendo era una losa grabada. Tomaron precauciones dejando a un lado las palas y utilizando solo las paletas. Se olvidaron de cribar los últimos sacos con el ansia de descubrir por completo el hallazgo. Quitaron y quitaron tierra en varios metros cuadrados hasta que dieron con el final, unos dos por dos metros de superficie. Empezaron a horadar hacia abajo en cada lateral del cuadrado dando con una especie de hueco en uno de ellos, centraron sus esfuerzos en ese lado. Llegó la noche y la excitación les tenía allí cavando la tierra, cada vez más dura según entraba la madrugada. Por lo que pudimos avanzar hasta ese momento, adivinamos que el hueco era una entrada a algún lugar. Los ángulos de noventa grados lo delataban. “ Vamos a descansar, mañana descubriremos que hay aquí ". El capataz sentenció y todos fueron a dormir citándose temprano. Él no durmió mucho ya que su sueño se acercaba cada vez más, se le escaparon las horas pensando en lo que se encontrarían. Le dio igual cuando regresaron, se tendría que aliar con el café pero valía la pena. Siguieron cavando hasta poder abrir un agujero por el que cabría una persona. Él se presentó voluntario e insistió mucho para ser el primero. Cuando entró alumbró a todos lados con su linterna. La sala estaba vacía. Solo una pequeña puerta de un metro cuadrado a la altura de la cintura, justo enfrente de la entrada. Se acercó y la examinó con la vista, no se atrevió a tocarla. Los demás ya habían abierto un poco más el agujero para que el anciano jefe de la excavación pudiera pasar sin problemas. Él se encargaría de abrirlo, la emoción en todos ellos hacía que el momento fuera muy tenso. ¿Qué tesoros se encontrarían? Cuando la puerta se abrió solo había un recipiente cuadrado de apenas centímetros. Lo que les sorprendió a todos es que este estaba hecho de acero pulido que brillaba con la luz de las linternas. Se veía claramente un pequeño tirador fijado a la parte superior. El anciano con sus gafas en la punta de la nariz, acercó su mano enfundada en un guante de látex al recipiente, tiró de la tapa y vieron el interior forrado de ante rojo y sobre un diminuto cojín un pequeño tuvo de cristal sellado, lo embalaron bien y lo enviaron a los laboratorios habilitados al efecto. Examinaron el resto de las paredes y no encontraron nada más que aquel pequeño habitáculo con un grabado al fondo en una escritura que nunca habían visto. La grafía era parecida a la nuestra pero parecía como si las palabras fueran juntas o no tuvieran separación entre ellas, quizás eran solo palabras largas. Eso le hizo ponerse nervioso cuando el capataz le pidió que les sacara fotos y las copiara en el diario de la excavación. Desde pequeño padecía de hipopotomonstroesquipedaliofobia, le tenía pavor a las palabras largas. En sus estudios ponía un cartón o una tarjeta para leerlas en dos o tres veces, allí no podría apoyar nada. Según lo iba copiando reconoció varios símbolos parecidos a la escritura sumeria entre sudores y temblores, estos fueron despareciendo según fue descifrando palabra a palabra totalmente distraído: “ La fuente del conocimiento ”. Eso pudo descifrar. Entre las palabras había un hueco como para meter el meñique, su curiosidad le hizo meterlo en él. Recibió un pinchazo y una descarga en su cerebro, sangró un poco pero por suerte no manchó los grabados. Más tarde supieron que el contenido del frasco era lefa. Sí, era semen con un ADN que los científicos asumían como humano pero más complejo y entramado. Si hacían caso a la traducción de los textos sumerios y a la interpretación del las palabras encontradas en aquella sala, se trataba de ADN annunaki. Los científicos se encontraban entre eufóricos y escépticos ante tal descubrimiento. Él ya lo supo después del pinchazo. Cuando antes de salir de aquella pequeña sala pudo hablar con sus padres y contarles todo. El teléfono lo dejó en su mochila.

jueves, 21 de mayo de 2015

Bolras Cap. 16º

Miry ordenó a los chicos que hicieran una camilla con sus espadas y sus capas. A pesar de que nunca hablaron con ella ni sabían cual era su estatus en Bolras, le hicieron caso sin rechistar. Sefy colgó su espada en la bandolera que se preparó para ponerla en su espalda, quitó con tranquilidad las relucientes armaduras de los soldados y las amontonó en el suelo. Fue por su montura, las cargó y tiró de las riendas hasta nuestra posición. “ ¿Cómo estás Ferny? “. “Me duele todo el cuerpo y ya no siento la mano”. Era normal que no la sintiera, en ese momento podía tocar mi antebrazo con los dedos. Lo que más me dolía era la cadera, eso si me daba miedo, una lesión grave en esa zona me dejaría, junto a lo de la muñeca, en un inútil para la lucha y precisamente ahora que más falta nos hacía. Empezamos el regreso a casa, Miry y Sefy iban un poco más adelantados charlando sobre la batalla. Sefy se emocionó y dio un fuerte golpe en la espalda a Miry como si fuera cualquiera de nosotros, ella respondió dándole un fuerte cachete y Sefy reaccionó con una gran carcajada que Miry secundó. Esto reafirmaba más aún la idea que me pasó por la cabeza. Viéndola salvar a Bolras y la confianza que con sus heroicas acciones había infundido en todos nosotros me lo confirmaba, hablaría con los chicos para incluirla en el consejo. Lo discutiría con ellos en cuanto saliera de la casa del doctor, aunque no pudiera andar. Ver la escena de complicidad y camaradería entre ellos me hizo sonreír, pero rompí a llorar pensando en mi torpeza y porque no, envidiando la frialdad y habilidad de una y la valentía y el arrojo del otro. Los chicos que llevaban la camilla al verme llorar me intentaban animar y consolar, yo no podía soportar estar así. Un soldado, un cazador y un hombre libre. Me veía llevado por aquellos chicos de apenas veinte años el mayor y yo a mis cuarenta cumplidos necesitando de ellos para poder sobrevivir. Herido de guerra, eso era, aunque la causa fuera mi torpeza al escalar. Pero lo que me dolía era lo que estaba por venir, donde me temía que no podría ayudar. Miry y Sefy al escuchar a los chicos y mi llanto se voltearon. Sefy se inclinó hasta mi altura: “ ¿Te duele mucho? ”. “Si Sefy, pero lo que más me duele es que temo que no seré el mismo después de esto”. Sefy miró mi mano, esa que fue atravesada por la daga manchada con la sangre del asesino de Bolras y ahora también rota en su unión con el brazo. Giró la cabeza hacía mi: “Me da igual que te quedes impedido, ya te dije que mientras estés conmigo nada te pasará” . Juntó sus labios con mi frente y se separó con gesto preocupado. “Estas muy caliente”, Miry llevó su mano a mi frente: “Hay que darse prisa no está bien” . Aumentaron el ritmo de camino al poblado y yo cada vez tenía menos dolor y más sueño. El resto del trayecto pasó por mi vida en blanco, no recuerdo nada. Desperté llegando al poblado cuando Sefy se dio cuenta de que dormía y vertió agua sobre mi cara: “No te duermas ahora que puede ser la última”. Según nos acercábamos a Bolras y no sé cómo ni en qué momento, los chicos que me llevaban ya no estaban, eran mis compañeros del consejo. Llegamos a la casa del doctor y al llamar no respondía, Korde abrió la puerta, por lo menos para buscar algo para espabilarme y para el dolor, pero cuando entró solo estaban los muebles. Ni el doctor, ni sus sacos de hierbas, ni sus herramientas. Tony: “Debe haberse mudado a casa de Mary, ya sabéis”. Me llevaron hasta allí pero lo que encontramos fue lo mismo, nos dijeron que los vieron irse y no se despidieron de nadie. Ya sabíamos quien era el traidor. Lo que más nos dolía es que la mismísima mujer de Bolras participara en ello llevándose también a su hijo. Pero eso ni nada en el mundo nos haría cambiar nuestra imagen de aquel hombre robusto y cabezón que nos regaló su amistad, su bondad y entregó su vida por la libertad de Goday. Le conocíamos bien y sabíamos de rumores de Mary y el doctor antes de que muriera. Dando valor a nuestra amistad los dimos siempre como habladurías malintencionadas, pero ahora cogían sentido. Me llevaron a la cantina y me pusieron sobre una de las mesas. Hablaban entre ellos, pero para mi todo era un murmullo y siluetas borrosas. Jun trajo unas hojas amarillentas casi doradas y un frasco de miel, untó la miel sobre todo mi cuerpo. La miel era especial, procedía de las colmenas que se hallaban entre los campos de lavanda del sur. Empecé a notar un hormigueo extraño y ya podía enfocar con mis ojos. Cogió las hojas amarillentas y las pegó en la miel convirtiéndome en una especie de crisálida, luego pasaron varios paños cubriendo todo y dejando solo fuera mi deforme extremidad. El remedio de Jun hizo su efecto, pero el estado de excitación en el que estaba entrando hacía resurgir el dolor. Estando ya rígido, los muchachos me pusieron en una posición más erguida. Korde cogió una jarra del licor más fuerte que teníamos y me hizo beber de él. Ambos estados contrapuestos me hicieron entrar en una especie de dimensión paralela en la que vi claramente como Lydi agarraba con fuerza mi mano y la ponía en su posición sin sentir dolor alguno. También les escuchaba hablar y lo entendía todo, pero a los pocos segundos lo olvidaba. Poco después mi cuerpo no aguantó más y me quedé dormido. Cuando desperté, ya anocheciendo, estaba sobre mi cama sin las hojas ni la miel. Virgy y las niñas acababan de cenar, me vieron y vinieron a interesarse. Me habían entablillado la muñeca y el dolor de la cadera había remitido un poco, intenté incorporarme. Rocy la mayor se puso bajo mi brazo poniéndolo sobre sus hombros, Mary la mediana hizo lo mismo en el otro brazo, Sofy la pequeña vino impetuosa y me abrazó con cariño y a su altura. Virgy corrió a quitarla mientras yo intentaba disimular el dolor. Levanté mis vestiduras y vi un enorme moratón que se extendía incluso por la nalga, solo podía apoyar sin mucho dolor la pierna derecha. Virgy: “Ya sé lo que te pasa, quieres saber qué ha pasado en el tiempo que has estado dormido”. Solo asentí. “Iré a buscarles”, “Gracias Virgy”. La miré diferente a otras veces, lo noté. Roci: “ Vete mamá, nosotras cuidamos de él”. Me ayudaron a acostarme otra vez y me colmaron de cuidados, a veces excesivos. Virgy regresó con Jolu que me contó de la vuelta de Silvy. Al parecer cuando llegaron a llanera ya estaban apunto de partir. Iván le dijo que antes de que terminaran el montaje de las estructuras escaparían hacia la puerta de Bolras con los pañuelos verdes. Habría que estar atentos para acogerlos tras la muralla. En lo referente al sur la cosa cambiaba, consiguieron su objetivo de colocar las trampas y hacer fugaces ataques sin bajas. El problema es que el ejército que suponíamos de un tamaño similar a los otros, llevaba tropas del Conde de Marrion pariente del Rey, era el doble que los otros. Otro día nos iremos a la cama sin saber de nuestro futuro. De nuevo lloré de rabia y dolor: “Solo quiero ser libre y vivir en paz”. Jolu me abrazó con cuidado: “Lo conseguiremos”.

martes, 19 de mayo de 2015

Vicios peligrosos

*(Petición de Alina con las palabras clave: Trabajo, esperanza y perdón. Ahí va princes a ver si este te gusta más. Un beso) Caminaba por aquella playa desierta rebuscando entre los restos del naufragio. Buscaba algo o alguien sobre la arena mientras los demás restos flotaban ocupando toda la cala. Una temeraria maniobra del capitán les acercó demasiado a los corales provocando el accidente. Era un yate de lujo pequeño que fue contratado por una pareja adinerada que buscaban una playa romántica donde pasar unas noches por su aniversario. El capitán recordó que unos meses atrás haciendo un recorrido por el archipiélago con unos turistas vio una pequeña cala de apenas cincuenta metros de largo, rodeada de paredes de roca y vegetación selvática. Les ofreció llevarles hasta allí sabiendo que la mayor distancia y lo exclusivo del lugar le reportaría más dinero. No contó con el sobrepeso causado por la multitud de estructuras y muebles que los enamorados llevaban y la bajamar imperante en aquel momento. Llegó a tal velocidad que la proa quedó clavada tras el golpe haciendo que la popa se elevara lanzando al resto contra las rocas. Él era uno de los cuatro integrantes de la tripulación, concretamente el cocinero y en ese momento se encontraba descansando en su camarote. Echó a nadar sin mirar a los lados, ciego por el temor a morir ahogado. En el momento justo de llegar a la arena se lamentó entre llantos por lo ocurrido. No se atrevió a buscar supervivientes. Su sobrepeso hizo que llegar a la playa fuera un suplicio. Si no pudo casi salvarse él, ¿Cómo podría hacerlo con alguien?. Si salía de aquella tendría que pedir perdón a las familias o el remordimiento le quemaría por dentro. “ Espero que el capitán pulsara el botón de emergencia tras el golpe “ . Si lo olvidó se vería allí durante bastante tiempo. Hacía ya muchos años que era su trabajo y le conocía bien, por eso empezó a buscar cosas útiles por la playa, no encontró a nadie pero si cuerdas y algunas herramientas. El problema ahora sería comer. Su desesperación pasadas unas horas le hizo incluso pensar en tirarse a buscar algún paquete con comida envasada de los que tenía en la cocina. Pero al igual que no lo hizo para salvar a alguno de sus compañeros de viaje, para la comida tampoco, era demasiado peligroso. Era mejor buscar una alternativa antes de tomar ese riesgo. Al final de la cala había una gruta en la que podría buscar mejillones, percebes y cangrejos al cubierto de las peligrosas olas. Además era lo suficientemente amplia como para que le sirviera de cobijo mientras le vinieran a rescatar. Como era cocinero siempre llevaba un mechero en el bolsillo para encender los fogones que ya puso a secar nada más salvarse, con el podría hacer fuego para protegerse del frío de la noche. Al entrar en la gruta vio que las paredes estaban repletas de mejillones y empezó a tirar de ellos con ansia llegando a hacerse varios cortes en las manos. Entre las herramientas que pudo rescatar había una pequeña cacerola en la que pudo cocinarlos. Con el estomago lleno, la esperanza de salir de aquella situación parecía real. Tras recuperar fuerzas dejó su cueva y empezó a buscar por el perímetro un lugar por donde ascender hasta la selva. Necesitaría más leña que las ramas caídas o los restos del barco y los mejillones no le durarían para siempre. Vio desde la playa que algunas aves tenían sus nidos en los huecos de la pared y allí encontraría huevos o algunos pollos. Pasó varias horas intentando encontrar rutas hacia los nidos y la selva consiguiendo un par de huevos y un coco antes de llegar la noche. No llegó hasta arriba pero alcanzó un pequeño saliente en el que encontró los alimentos y que sería buen punto de partida para al día siguiente continuar con el ascenso. Lanzó el coco y bajó con mucho cuidado para no romper los curiosamente delicados huevos. Se echó a dormir y dejó las cosas junto al fuego. El atracón de mejillones le había producido sensación de saciedad en el estómago y unos gases que al subir por la garganta le quemaban y le llenaban la boca de un sabor desagradable: “ Me pasé con el marisco “, Decía mientras se retorcía en su cama de hojas de palmera. “ Ya me dijo mi madre que la comida me mataría. ” Le decía que se hizo cocinero para poder comer de todo y cuando quisiera. En parte tenía razón porque comer para él era un autentico vicio. Cuando se le pasó el malestar pudo dormir al calor de la hoguera. Se despertó a la mañana siguiente con el recuerdo de las palabras de su madre y el aliento de un carroñero. “Qué razón tenía. Tengo que administrar los alimentos, se acabaron los atracones. ” Se giró hacia el fuego y vio uno de los huevos con un hueco en su cáscara mientras sentía en su cuello dos pinchazos como agujas y todo se nublaba. “Qué razón tenía”.

jueves, 14 de mayo de 2015

Bolras Cap. 15º

Me despertó mi mujer al levantarse. “¿Las niñas?”. “Si tienen que desayunar temprano, no quiero que se mal acostumbren”. “Dile a tu hermano que lo haga él y ven a desayunar conmigo”. Se me quedó mirando unos segundos. “ Se lo pediré”. “Me gustaría que me acompañaras en una reunión del consejo”. Nosotros nos reuníamos casi cada comida e íbamos comentando todo lo sucedido. Era importante para solucionar o anticiparnos a los problemas. Allí no solo hablábamos de las defensas y batallas pasadas o por venir. También lo hacíamos de los problemas y necesidades de los habitantes de Bolras. Marchó y yo me vestí y tome un caldo caliente y aguado de carne, que aderecé con un poco del licor de Jun. Mientras esperaba a Virgy un destello nublo mis ojos. En pocos segundos mantuve una conversación de minutos con Doly y Alexauron. Quedé sorprendido pero solo eso. No recordaba nada de la conversación y no entendía el porque de aquel episodio telepático. “¡Eh!” Virgy Rió. “Vaya cara tienes. A saber en que pensabas”. Al escucharla recuperé la consciencia. “Ya sabes hay mucho por hacer”. Fuimos directos a la cantina. Ya estaban allí los demás. Estaban organizando las guardias. Los carpinteros se sumarían a los albañiles entre los exceptos de hacerla. Jolu: “Tiene que ser así. Hay que preparar las picas del foso. Solo para talar los árboles tardarán varios días. Hay que ponerles más brazos para hacerlo antes.” Korde: “Con el foso terminado los demás tendremos que doblar las guardias. Los paisanos lo entenderán.” Jolu: “Contamos con el apoyo de todos. Eso no es problema”. Tomamos asientos tras unos saludos. Miner:”Buenos días. No me habías dicho que estabas con alguien. Me has mentido”. Se marchó corriendo y gimiendo hacia la cocina. Virgy me miró entre sorprendida e indignada. Ya sabíamos que Miner se estaba partiendo de risa y nos echamos a reír. “Venga que me vas a buscar un problema”. Miner salió con lágrimas en los ojos y una sonrisa en la boca. Miró a Virgy: “Lo siento, no va contigo”. Virgy giró la cara hacia mi. “Luego te lo explico.” Seguimos debatiendo los problemas. Hace tiempo que nos dimos cuenta que era la mejor manera de encontrar soluciones. Les dábamos vueltas hasta redundar. Uno de los vigías que enviamos al paso tras la vuelta de Miry regresó. Las tropas estaban desmontando las casetas. Se estaban posicionando en la entrada del paso. Jolu: “No puede ser”. Mientras distribuían los restos del foso se dobló un tobillo. Yo no me di cuenta porque cuando llegué él estaba sentado. “Iré yo entonces. Sabes que puedo hacerlo”. Jolu:” Lo siento Ferny,. Ya es mala suerte justo ahora”. Le abracé y mandé al vigía que fuera a buscar a Miry. Le expliqué lo ocurrido con Jolu y que iría con ella. También que conmigo vendrían Sefy y algunos más. Si se escapaba un soldado nos haría falta alguien diestro en la lucha cuerpo a cuerpo. Tony, Korde y Jolu tendrían que quedarse para empezar a organizar las defensas del sur. Korde era en un gran trampero y Tony un excelente explorador que adivinaría los pasos y paradas del ejercito del Rey. Jolu por su lesión y para enseñar a los demás en las técnicas de camuflaje. Le di a Miry dos de los paquetes y el resto se los di a Jun para que los guardara. Ella salió de nuestra vista antes de que pudiéramos preparar las monturas. Saltaba de roca en roca como si sus músculos y huesos fueran de resina. Mientras veía como se alejaba otro destello me cegó durante un segundo. Mi primer recuerdo de la visión fue Miry desenvainando sus dagas. Se me estremeció el cuerpo. Se supone que si todo salía bien no habría que luchar. Monté en el caballo con gesto de preocupación. Sefy: “Que ocurre.” “No, solo que espero que salga toso bien”. Sefy:” Estas conmigo. ¡Que te puede pasar!”. Levantó con su brazo derecho la enorme espada. “Vaya Sefy ya te has acostumbrado al peso”. Se separó del caballo y empezó a girar la espada sobre su cabeza. La clavo en el suelo y apoyó su barbilla en el mango. “No tengo miedo”. Me hizo sentir más seguro y también a los cinco chicos que vendrían con nosotros. Su arrojo era importante para nuestra moral. Salimos lo mas rápido que las monturas podían por aquellos pedregales y a mitad de camino vimos a Miry a lo lejos. Descendía de la ladera izquierda del paso. Mientras los caballos caminaban nos quedamos con la boca abierta y pensando como era posible que no se despeñara. Al llegar a su altura desmontamos y preparamos las armas. El único arquero era yo. Los otros chicos y Sefy eran infantes. Manejaban espada, daga y escudo con destreza. Como dije antes por si se escapaba alguno. Miry me señalo el lugar donde puso los paquetes. Empecé a trepar por la ladera derecha en busca del lugar perfecto para lanzar mis flechas. No había subido ni dos metros se empezó a sentir una vibración y se escuchaba un leve murmullo. Cada metro que subía más fuerte eran ambos. La ansiedad y el miedo a fallar se apoderaban de mi. Intente concentrarme en la tarea. Aunque muriera después tenía que hacerlo por Bolras. Estaba casi en mi destino cuando el musgo salido de las últimas lluvias me hizo resbalar cayendo dos metros más abajo sobre mi mano izquierda. La muñeca se me quebró y solté un enorme grito de dolor que tras el ruido del golpe hizo que mis compañeros se alertaran. Al fondo del paso ya se veían los destellos de las solidas y brillantes armaduras macizas. Sefy ordenó a los chicos que fueran a recogerme y se puso en el medio del paso con la espada hacia atrás e inclinado hacia adelante. Tenía en la mano izquierda la daga. Sin cambiar de posición la llevo a su frente e hizo un pequeño corte. Mojo un dedo con la sangre y se lo llevo a la boca. Luego grito varias veces y se quedo en la posición inicial. Le he visto hacer locuras pero nada como esto, aunque he de reconocer que envidiaba su valentía. Entre cuatro de los cinco chicos me recogieron. No lo solo quebré mi muñeca, tenía un dolor intenso en la cadera que no me dejaba caminar. Me dejaron junto a las monturas y desenvainaron sus armas. Uno de ellos cogió mi arco y se quedó junto a mi. Con mi mano derecha temblando de dolor y miedo agarré con fuerza mi daga. Vi como los chicos se posicionaron tras Sefy. Cuando las tropas les vieron, empezaron a cargar. Sefy se inclinó más aún listo para dar un gran golpe y los chicos le siguieron. Las flechas que lanzaba el otro chico rebotaban contra las armaduras y cascos de los soldados. “Se acabó”. Lamentaba en ese momento haber sido tan torpe al escalar. Lloré al pensar en mis amigos y en todos los habitantes Bolras viendo todo perdido. Los soldados ya estaban cerca cuando de la nada salió Miry haciendo una pirueta. Esto sorprendió a los soldados que frenaron durante unos segundos. Miry desenvaino sus dagas igual que en la visión. Los soldados reanudaron la carga. Miry miró hacia el hueco y lanzo una de sus dagas a la vez que corría como gacela hacia nuestra posición. La daga entró en el hueco haciendo una chispa y un segundo después el suelo tembló. Los soldados seguían cargando mientras las rocas caían sobre sus cabezas. Pasaron solo dos. Sefy cargó arrastrando la espada y gritando hasta llegar casi a su altura. Frenó en seco. La inercia y su destreza hicieron que la espada cortara la cabeza de los dos soldados a la vez. Aún dio media vuelta más. La alegría de la victoria enjuagaba el dolor de mis huesos rotos. No podía creer que saliéramos de aquella. Solo lamentaba mi muñeca rota. Quizás mi arco no podría ayudar más.

Serendipia

*(Petición de Sefy con las palabras clave: esternocleidomastoideo, serendipia y júpiter. Me he divertido mucho escribiéndolo, espero que tú lo hagas también, si te hago otro hermano.) “No lo entiendo, no doy con ello”. Me senté en la cama desvelado. Hacía una larga temporada que se me encomendó la tarea de averiguar una extraña afección en el esternocleidomastoideo de los astronautas que regresaban de Júpiter. A pesar de que nuestras lanzaderas fueron ya examinadas antes de ser utilizadas y tenían revisiones mensuales, yo incluso eso comprobé. Las múltiples pruebas médicas no daban una solución concluyente. Eran simples contracturas pero lo suficientemente graves como para tener que solicitar la baja durante unas semanas. El estado mayor solicitó este trabajo por lo frecuente de los casos y por el coste que estaba suponiendo para las arcas del estado. Mi mujer se despertó. “Tienes que intentar dormir. No puedes pensar en el trabajo incluso en tus horas de descanso y sabes que consigues que yo tampoco duerma”. Me tumbé de nuevo y la di un beso. “Lo siento cariño ya intento dormir”. Me quedé en silencio pero seguí dándole vueltas al caso. “Sé que estás despierto. Si no consigues averiguar que ocurre, ¿Por qué no haces el viaje tú?. Así quizás lo descubras”. Me giré hacía ella. “Te quiero. ¿Te lo he dicho?. Mañana mismo hablaré con mis superiores”. “No sé que harías sin mi”. “Pues mi niña, tienes razón.” Al llegar al laboratorio al día siguiente tardé apenas unos minutos en ir a ver a mi superior. No pusieron problemas, unas pruebas médicas, otras físicas y en el próximo viaje partiría. No hubo ningún problema en ninguna de ellas. No sólo me cuidaba de la alimentación, bueno mi mujer, si no que hacía ejercicio regularmente. Emocionante fue la partida y durante el viaje me sentí como cuando era niño en una atracción de la feria. Gracias a los últimos avances en los sistemas de propulsión tardamos apenas unos días en llegar. No descubrí la solución al problema, pero si comprobé otro más que nombrado por los astronautas. La comida deshidratada y envasada al vacío que llevan en la lanzadera cubre de sobra las necesidades básicas del un hombre adulto, lo único es que producen estreñimiento. Teniendo en cuenta que el baño de la nave se podía decir que era una bolsa y que estábamos todos en un solo cuarto, lo aumentaba. Ya lo habíamos comentado durante el viaje. Me dijeron que en la estación de Júpiter había varios baños con taza para sentarse. Dejé de leer el libro que llevé, esperando ese momento. Cuando llegamos a la estación un saludo rápido y todos fueron a los baños. Yo como científico fui recibido por mi homónimo y tuve que esperar un poco más. Me enseñó todas las instalaciones entre dolor y retortijones. Yo le pedí un par de horas para acomodarme. Era un hombre educado y amable. “El tiempo que necesite”. Fui corriendo con mi maletín y me senté en aquel asiento caliente. Saqué mi libro y lo abrí por donde marcaba el separador. Tardé mucho tiempo, pero antes de terminar, la serendipia, entre la lectura y los esfuerzos di con la solución. Metí el libro en el maletín con una mano mientras con la otra sacaba mi libreta. Terminé la fisiológica tarea a la vez que mi informe. En él detallaba con claridad la causa de las afecciones musculares y de su posible remedio. También hice mención sobre los efectos secundarios de la comida interplanetaria y su parte de culpa en el problema. Acompañé el informe con una recomendación para mis superiores. “Sugiero por lo redactado anteriormente que denuncien con el fin de resarcir los daños, tanto físicos como económicos, a los ingenieros diseñadores de la estación espacial de Júpiter por el mínimo tamaño de los cuartos de baño”.

martes, 12 de mayo de 2015

Voces

*(Petición de Patricia Delgado con las palabras clave: Lejano, voz y cautivadora. Espero que esté a la altura de nuestro cariño. Te quiero mucho amiga.) Sacó el teléfono tras sentirlo vibrar. Lo sacó con esfuerzo y escuchó una voz que notaba lejana y que buscaba conversación. Resultaba cautivadora y le tuvo distraído durante varias horas. Comentaron entre risas y llantos, entre quejas y consejos, datos y sensaciones. El emisor de la llamada consiguió lo que buscaba, distracción para nuestro amigo y un poco de ayuda psicológica ante su situación. Fue una suerte que cogiera el teléfono y no podía desaprovechar la oportunidad. Le habló durante esas horas intentando en todo momento apartarle de sus problemas, de su problema. Le habló despacio y claro, amigable y simpático. Le sirvió de apoyo en aquellos momentos tan difíciles, entre su dolor y su pena. Este se sintió acompañado y atendido, y agradeció varias veces durante la conversación la llamada, porque realmente le fue de ayuda. Quedaron en verse más adelante, quedaron en compartir cosas juntos bajo la promesa de seguir, de salir de aquello. Fue así hasta que nuestro amigo sintió unos golpes en los tabiques y unas voces tras ellos. Las voces se acercaban sin poder distinguir realmente de donde venían, qué hablaban y quienes eran. Dejó un momento la conversación y empezó a gritar para que pararan, pensando que estaban en su cabeza. Varios golpes más cercanos, unos pedazos de escayola cayeron sobre su cabeza y una nube de polvo cegó sus ojos. "¿Qué ocurre?". Le preguntó el emisor. "Alguien se acerca." Cuando pudo abrir los ojos de nuevo, un haz de luz caía del techo hacia sus ojos cegándole otra vez. Se detuvo la luz un momento cuando por el hueco salió un cable, con otra luz potente que le volvió a cegar al girarse hacía él. "¡ Está aquí debajo, apuntalar los laterales, no sigáis picando ahí!" El agujero se hizo más grande y unos brazos entraron y colocaron varios maderos entre su suelo y su techo. Una cabeza asomó. "Tranquilo ya te sacamos de aquí". Tuvo que despedirse de su nuevo amigo con lágrimas de felicidad en los ojos. Todos salieron en la foto del heroico rescate, tras el derrumbamiento de aquel edificio. Todos menos aquella voz lejana y cautivadora, de tono amable y tranquilo, salvadora de vidas y de esperanzas. (Dedicado a todas las personas que desde el anonimato ayudan a los demás sea cual sea su situación día y noche. Servicios de emergencia, centrales de policía, etc. Dedicación especial a todos mis compañeros de la central de alarmas de Securitasdirect, un gran y efusivo saludo.)

domingo, 10 de mayo de 2015

Bolras Cap. 14º

Miré a mi alrededor al igual que el resto del consejo, como un reflejo buscando al espía, pero tardé poco en centrarme de nuevo. “De esto ya nos encargaremos más adelante. Silvy continua.” Silvy recuperó el centro y siguió con la traslación. “Estarán aquí en unos tres o cuatro días y advierte que desde Aguas de Goday vienen más, pero no ha podido saber cuantos. Lo que si esta seguro es que atacarán todos a la vez. Al parecer la desaparición del gobernador puso muy nervioso al Rey, pero las últimas lluvias levantaron los cadáveres y los lobos esparcieron los restos por todo el camino. Una patrulla dio el aviso. El Rey monto en cólera y ha ordenado a todos los destacamentos de los alrededores atacar Bolras.” Sin dejar el gesto de rabia por la traición, la preocupación se apoderó de nosotros. El ejercito que vendría por llanera sabíamos que la mitad estaba a nuestro favor, pero no contábamos con más soldados por el sur que se sumaban a la infantería pesada por el paso. Los cinco del consejo fuimos a casa de Jun habiendo antes animado a los demás a seguir trabajando en las defensas. Pasamos por detrás del mostrador y entramos en la vivienda donde estaríamos más tranquilos. Con nosotros vinieron Lydi y Jun, también Miry y Silvy para completar la información. No entraría nadie más. Nunca nos importó que nuestros vecinos escucharan nuestras conversaciones, pero las circunstancias obligaban a ello. Korde comenzó: “Tenemos un problema muy grande. Está claro que las defensas estarán terminadas a tiempo, incluso podríamos mejorarlas. El problema es el numero de soldados. Tendremos que usar todo nuestro ingenio.” Jolu: “Deberíamos pedirle ayuda a los magos, solo ellos nos pueden sacar de esta”. Sefy: “No te dejes guiar por el miedo amigo. Somos los que defendemos y eso nos da mucha ventaja. Además contaremos con unos ciento cincuenta soldados a nuestro lado sobre el campo de batalla.” Lydi: “No os olvidéis de las mujeres, lucharemos como el que más.” Sefy: “Mejor aún, no solo contamos con las defensas, si no que igualamos el número”. Miry: “No olvidéis tampoco a la infantería que viene por el paso, para tal fuerza nos hará falta ser dos a uno como poco”. Tony: “Hay que pensar algo para superar sus armaduras”. Jolu: “Los mejores arqueros tendrán que enfrentarse a ellos, a espada sera un suicidio.” Tony: “Eso no será suficiente. “ Yo andaba distraído intentando buscar como superar sus armaduras de placas, mientras daba vueltas, con mi mano en el bolsillo, una y otra vez a los regalos de Doly. Jolu: “Tenemos que hablar con los magos, tenemos que intentarlo”. Korde: “Ellos no se meterán en nuestra lucha”. Solté una enorme carcajada y todos los demás se me quedaron mirando extrañados. Saqué del bolsillo aquellos pequeños paquetes de cuero fino: “Ya lo han hecho”. Korde se levantó con los brazos en alto y apretando los puños. Rápido el resto se dio cuenta y de manera espontanea formamos un circulo abrazándonos los unos a los otros. Nos dieron parte de su magia y nos sería útil en la batalla. Pensamos simplemente derrumbar las paredes del paso y cerrarlo para siempre, pero los infantes darían la vuelta y tarde o temprano nos tendríamos que enfrentar a ellos. Había que hacerlo cuando estuvieran debajo. Para ello necesitaríamos a nuestros más ágiles y hábiles luchadores. Irían Miry y Jolu. Miry colocaría las cargas en los huecos de las rocas con su destreza en la escalada y Jolu lanzaría la certera flecha que sepultaría a los soldados. Ambos también eran veloces en estos terrenos si tenían que escapar. Solucionado el problema del paso, empezamos a centrarnos en los otros dos frentes. Yo quise saber más sobre las armas de asedio. “¿Como son esas estructuras?” Silvy: “Yo no vi ninguna estructura, solo unos carros con planchas y largueros de madera”. Korde: “Entonces contamos con un día más. Las montaran cuando lleguen a la explanada.” Otra buena noticia, si algo necesitábamos era tiempo. Ya sabíamos que los que lucharían a nuestro lado llevarían pañuelos verdes, lo que desconocíamos era en que momento de la batalla los mostrarían y como juntaríamos las lineas. Eso de momento era un misterio. Enviamos a Silvy de nuevo a ver a Ivan para conseguir la información que nos faltaba. Esta vez iría con el hijo menor de él y una de sus mejores amigas. Empezamos a diseñar una estrategia para los que vinieran por el sur. Usaríamos la habilidad de cazadores para mimetizarnos entre la vegetación e ir mermando el numero y moral de las tropas. Haríamos trampas alrededor del camino y el algunas zonas estratégicas de parada y descanso. Ya estaba todo dicho a la espera de nuevas circunstancias que pudieran cambiar los acontecimientos. En pocos días nos enfrentábamos a la batalla que desde el principio esperábamos. Salimos todos con la mirada perdida y dando vueltas a lo hablado. “De momento ni palabra a nadie”. Todos asintieron y cada uno fue a realizar sus tareas, todas ellas centradas en este momento con las defensas. Al llegar la noche el foso estaba casi terminado, seguramente el siguiente turno lo hará. Decidimos los cinco dar un paseo alrededor de todo Bolras para visualizar cualquier resquicio aprovechable por los atacantes y otros detalles para reforzar nuestro ataque. En la pared del foso que daba al muro decidimos poner palos a modo de picas. Tras el muro colocaríamos un altillo para que los arqueros pudieran disparar desde cubierto. Reforzamos las atalayas y las fijamos al suelo. De momento, con un par de cosas menos importantes, convertían nuestro pequeño poblado en una pequeña fortaleza. Además contábamos con el convencimiento y el deseo de libertad de sus habitantes. A pesar de todas las malas noticias nos fuimos a descansar más optimistas de lo esperado. Al llegar a casa Virgy terminaba de dar la cena las niñas y a sus sobrinos. Ellos no paraban de decir que querían dormir allí juntos. “No podéis quedaros aquí, esta no es nuestra casa”. Yo repliqué: “No digas eso, si se quieren..” Virgy me interrumpió con un gesto de cabeza y con un guiño y dijo: “Pero os dejo que durmáis donde los tíos”. Todos los niños rieron y saltaron de felicidad. Sonreí por la jugada de Virgy y por que sentí que me deseaba. Me acerque a ella y la besé en la mejilla. “Me encantas.” Ella se levantó nerviosa mirándome y sonriendo. “Vamos niños. Primero a lavarse la cara al lago.” Salieron gritando y corriendo desbocados en dirección al agua. Virgi salio despacio y yo me quedé mirándola. Recordé que no había comido nada y miré en la hoya que quedó allí, aún había unos pedazos de pescado en una sopa con hiervas. Me puse a comer y a pensar. Los momentos felices y las malas noticias se mezclaban dejándome atontado mirando a la pared. “No podemos fallar”.

sábado, 9 de mayo de 2015

Alivio

*(Petición de Nataly con las palabras clave: caucásico, nostalgia y África. A ver que te parece, este es otro que me ha costado sacar. Un beso y otro para el Jhon.) Salió a trabajar temprano como cada día desde hace varios años. Se pasaba la vida de casa al trabajo y viceversa por tener el dinero suficiente para irse a áfrica y montar un negocio turístico. No salía con los amigos apenas, a no ser por un cumpleaños u otra celebración, aunque tampoco encajó nunca muy bien con su entorno. El objetivo era claro y estaba convencido, unos años más y el proyecto echaría a andar. A pesar de su corta edad, poseía gran tenacidad y decisión que le auguraban por lo menos un buen comienzo. Ya tenía vistos unos terrenos muy cerca de un parque natural. Los vehículos para pasear a los turistas y el resto de atracciones también. La mayor parte del terreno estaría sembrado de pequeñas casas prefabricadas haciendo las veces de hostal. Ya estuvo allí y salió tan impresionado que la nostalgia le inundaba cuando hacía memoria de esos momentos. Aquel viaje con sus padres cuando era un adolescente le hizo mella. Estuvieron visitando los poblados y comarcas cercanas a la ciudad donde se alojaban y conoció a gentes sencillas y abiertas como libros. Pensó que podría disfrutar de una vida feliz y tranquila estando allí con ellos, hasta hoy lo sigue haciendo. Vivía en casa de sus padres lo que ayudaba a juntar más aprisa el dinero. Su padre a pesar de ser un importante empresario no le quiso aportar nada más que el alojamiento y la comida. Le repetía una y otra vez que sentiría más satisfacción si lo conseguía con su esfuerzo. Él no aceptaba este discurso redundante, pero lo asumía respetando a sus progenitores y consiguiendo el dinero por su cuenta. Como hijo de empresario, nunca imaginó ir simplemente a buscarse la vida, si hubiera sido así estaría desde el día que juntó para un billete de avión. Él quería ir como jefe, fundando un negocio, una familia y un hogar propios. Llegó al trabajo y al entrar se tropezó y apunto estuvo de golpear su cabeza contra la puerta de cristal de la entrada. Llegaba un poco apurado y se metió corriendo al ascensor para subir a su puesto en la planta doce. El ascensor empezó a bajar hacia el quinto sótano y se lamentó de lo mal que había empezado el día. Cuando llegó por fin en su escritorio diez minutos tarde, vio una nota en su agenda que le recordaba la asistencia a una reunión sobre un posible ascenso. Soltó el maletín en la mesa tirando parte del material de oficina por el suelo y salió corriendo lo más rápido que podía. Llegó a la sala de reuniones donde se estaban haciendo las entrevistas, cuatro plantas más abajo. Cuando iba a llamar a la puerta se abrió y los otros tres aspirantes salieron. Asomó la cabeza y pidió permiso para entrar, que le fue negado. Volvió a su puesto maldiciendo aquel día marcado por la mala suerte. Le estaba esperando su jefa de sección que le sancionó por tener todo desordenado y las cosas tiradas por el suelo. Intentó explicarle lo ocurrido pero hizo caso omiso. La rabia que empezaba sentir era cada vez mayor mientras el ansia por salir de aquella insensible ciudad aumentaba. A la hora de comer fue al restaurante de la empresa donde siempre se sentaba en una esquina solo. “Era de esperar”. La mesa estaba ocupada y al girarse para buscar otra ubicación golpeó a un compañero tirando la sopa y la pasta con tomate sobre su ropa. Era un joven caucásico y de aspecto feroz. Con su enorme y redonda cabeza rapada y varias chapas con símbolos fascistas. Curtido de gimnasio y cicatriz en la ceja. “Discúlpame, que torpe he sido”. Intentó con una servilleta limpiar un poco el pecho del chico. Este agarró su mano con fuerza hasta hacerle daño. “No me toques. Yo si que no voy a ser torpe cuando te rompa la cara”. Otro compañero suyo se puso detrás, con aspecto bastante parecido. Se acercó a la oreja y le dijo: “ Vas a pagar hasta el último céntimo del traje de mi primo”. Un encargado que por allí pasaba puso paz. El resto de la comida se pasó vigilando a estos dos individuos que no le paraban de mirar con cara de asesinos. Supo por otros compañeros que la pareja en cuestión eran hijo y sobrino del jefe. También que si trabajaban allí era por tenerlos alejados de la calle ya que atesoraban gran cantidad de antecedentes por agresión, robo y más delitos. También porque nadie les quería contratar. Se confirmó que no era día para haber salido de casa. Cuando acabó la jornada bajó hasta la recepción del edificio, se asomó por las ventanas y vio como le esperaban. Tenía que ponerse de su lado o todo acabaría mal. Pensó en todo lo que le dijeron el resto de compañeros y supo que por dinero seguro que cederían. Salió decidido tras pasar por el cajero que había en la recepción. Recibió varios puñetazos, pero por lo menos aceptaron el dinero y cedieron. El alivio que sintió después de la reunión con los matones fue mayor que la rabia, el ansia y el miedo de antes. Pasó por urgencias antes de ir a casa a que le cosieran su labio abierto. Pasaron un par de horas cuando el autobús le dejó a una manzana de su casa. Al girar la calle vio luces de policía y ambulancias frente a su casa. Corrió hasta la puerta y fue detenido antes de entrar Le comunicaron la muerte de sus padres a manos de unos asaltantes. “ Otro ataque racista más en la ciudad ”, dijo aquel agente. La fachada estaba llena de pintadas con símbolos nazis y consignas contra la raza negra y sobre la supremacía de los blancos. No solo mataron a palazos a sus padres si no que robaron todo lo que pudieron. Lloró desconsoladamente y mostró su dolor a todo el que se le acercaba. La gente sabía de su desdicha y lo oscuro del suceso hizo que se apiadaran. Pasado un tiempo de la desgracia, vendió todas las posesiones, cogió el dinero que como sucesor le correspondía y montó su negocio más grande aún de lo que tenía planeado. Le puso al hotel el nombre de sus padres como agradecimiento por lo que le habían legado. Tuvo una numerosa familia y un hogar estable. Por las mañanas cuando llega a su lujoso complejo turístico siempre piensa lo bien que invirtió sus ahorros.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Bolras Cap.13º

Dormí profundo y solo desperté cuando unas de las niñas, ya casi amaneciendo, se sobresalto por una pesadilla. Virgy se levantó y se tumbó junto a ella. Yo ya me sentí descansado y me levanté. Sin hacer ruido me vestí y salí sigilosamente de la casa. Me levanté con hambre. Lo de tener una familia estaba claro que me había sentado bien. Fui a la cantina a ver si Jun me lo saciaba. Al entrar estaba todo en silencio. Solo sonaban las páginas de un libro cuando las pasaban. “Buenos días Miner”. Ya sabía quién era. Otra de nuestras queridas viudas de los valientes hombres que dieron su vida por Bolras y además una gran amiga. Sabía que era ella porque era de los pocos que leían y más aún, que tenían libros. También sabía que estando Lydia en misión, alguien tendría que ayudar a Jun y la única que trabajó alguna vez sirviendo fue ella. “Vaya, mira a quien tenemos por aquí”. “Déjate de reverencias y dame lo mejor que tengas para comer. Hoy traigo mucho hambre.” Miner se rió: “Para comer lo mejor que tengo me tienes que poner un palacete junto al mar”. Los dos reímos al unisono. “Bueno, yo también te ofrezco lo mejor”. Me miro con cara lujuriosa: “Eso habrá que verlo. ¿No?”. Los dos reímos otra vez y nos abrazamos. Siempre compartimos un sentido del humor ácido y picante, que alguna vez llegó a confundir a más de uno. Era de las personas más alegres y bondadosas de Bolras. “Has tenido suerte Ferny, hace poco que vinieron Sefy, Jolu y los chicos. Aún hay algo caliente.” Entró en la cocina y me sacó un estofado de carne con verduras. Estaría delicioso si no fuera por los trazos de arena que dejaban las zanahorias, pero me gustó. Cuando estaba tomando un licor junto a una agradable y jocosa conversación después de comer, entraron Korde y Tony recién levantados. Miner les dio lo que quedaba del estofado y unas jarras de cerveza y estuvimos de nuevo divagando sobre todas las circunstancias que se iban sumando a nuestra corta historia. La puerta de cantina la se abrió. Entraron Sefy y Jolu con la cara seria y automaticamente nuestros gestos cambiaron. Korde: “¿Que ocurre?”. Tras ellos entró Miry. Nos explicó lo que había visto en la entrada del paso al otro lado de la montaña. “Hay unos cien hombres en la entrada del paso. Deben llevar acampados un par de días. Pude averiguar que estaban a la espera de órdenes. Es infantería bien armada y con armaduras de placa. Es lo único que os puedo decir”. Korde: “Armadura de placas. Se ve que aprendieron del último ataque. Se protegen de nuestras flechas”. Yo serví en el ejército repliqué. “Eso no es lo peor. Si llevan placas es que son parte de los caballeros de élite del rey. Esto va en serio. Son soldados que han sobrevivido en más de diez batallas. Solo ellos pueden llevarla y solo ellos la llevan con agilidad, como tu o yo la malla”. Mi gesto al decir esto era de preocupación y eso provocó más gestos consternados de los allí presentes. Solo uno de nosotros se mostró diferente. Sefy, en vez de preocuparse se puso rabioso. “Me da igual quién venga, en mi casa no entran”. Tony le siguió. “Yo no quiero salir de Bolras si no es muerto”. Korde: “Algo se nos ocurrirá”. Si pensamos en el número de hombres, estábamos bastante igualados. El problema era el calibre de sus armas. No solo llevaban las placas con soltura, si no que al ver la espada que con tanto mimo cuidaba Sefy, nos dimos cuenta de la dimensión del problema. Cien hombres casi invulnerables y con espadas que ni el mejor de nuestros escudos frenaría. Miner. “Las mujeres también sabemos luchar.” Miry. “Somos más del doble que ellos”. Estaba claro que si queríamos sobrevivir tendríamos que luchar todos, hasta el último habitante de Bolras. Hablamos incluso de que hacer con los niños. Los ancianos quedarían a su cuidado en la cueva mientras las mujeres empuñarían las armas también por Bolras. Todos queríamos cumplir nuestro sueño de libertad y preferíamos la muerte a seguir esclavizados por el yugo del reino. Había que seguir con el foso y ahora con más celeridad aún. Pusimos en practica lo ya hablado y los ancianos y minusválidos de guerra o no quedaron al cuidado de los niños y se encargaron de las tareas básicas. Todos los demás habitantes de Bolras trabajarían en las defensas. Los resultados se estaban notando muy rápido. Los del ombligo llegaron a terminar el perímetro antes de medio día y volvieron al principio a ir sacando los montones de tierra y roca que salían de la segunda excavación. Todo este sobrante lo utilizamos ya reparado el muro, en rodear nuestro pequeño cementerio y proteger a nuestros muertos con un rustico muro. Pensábamos que al ver que les protegíamos ellos también lo harían con nosotros. Todo lo que se sumara a nuestra causa y a la moral de la gente sería útil. A lo lejos vimos una nube de polvo que el aire difuminaba hacia el norte. Venia de la dirección de llanera. Claramente por la estela, sabíamos que serían un par de hombres a caballo o uno o dos carros. Resultaron ser Lydia y Silvy que regresaban, antes de tiempo. Venían también con gesto amargo y nos invitaron a reunirnos en el árbol de Bolras. Lydia: “Tuvimos que regresar haciendo noche en Riachuelo. Un ejército de trescientos hombres vienen en camino. Yo no pude hablar con Ivan soy demasiado conocida, pero Silvy si”. Lydia por su trabajo no pasaba desapercibida. Se puso detrás de Silvy y le doy un leve empujón hacia el centro del circulo. Silvy miró hacia los lados: “os voy a trasladar lo que Ivan le ha dicho. Son unos trescientos hombres entre infantería ligera y caballería. Los afines a la libertad de Goday son mas o menos la mitad. Cuando la batalla empiece les reconoceréis porque llevarán un pañuelo verde en el cuello. Lucharán con vosotros. Advierte que traen armas de asedio”. Jolu: “Como que …. ¿Asedio?”. Los espías del rey llegaban muy lejos, ya lo sabíamos, pero no imaginábamos que en Bolras hubiera uno. ¿Como podían saber del muro y el foso sin haberlos terminado? La tensión y la rabia se mascaban en el ambiente. Me levante con una expresión que pocas veces mis amigos vieron. “Va a ser un día muy largo”. (Dedicación especial a Minerva España, por ser como eres.)

martes, 5 de mayo de 2015

Sonrisas

*Dedicación especial para Azucena Hernán y su sonrisa permanente (Texto solicitado por Alberto con las palabras clave: Bondad, karma y sonrisa. Espero te guste, aunque hay mucha gente que piensa que lo que relato es ciencia ficción. Yo creo que es posible.) Quedó obsesionado por el Karma cuando terminó de leer aquel libro. Se convenció del todo dispuesto a repartir su sonrisa a todo el mundo. Hasta entonces su vida era más o menos igual que la de los demás, con un toque de mala leche y egoísmo, que ya le había causado más de un problema en el trabajo y en casa. Convencido del cambio y sabiendo que tendría que tener paciencia hasta obtener resultados, salió ese día de su casa. Era un domingo muy temprano y apenas había gente por la calle. Pasó por una cafetería y solicitó con una amplia sonrisa un café con una ración de churros. El camarero que cuando entró andaba distraído en sus tareas no pudo por más que devolvérsela mientras le servía. Incluso conversaron jocosamente y cuando se fue, la sonrisa del camarero le despidió. “ Pues parece que funciona ”. Pasó una hora entre la agradable conversación y el café y se dio cuenta que era la primera vez que le ocurría. Habló muchas veces con camareros en otras ocasiones, pero nunca en realidad prestó mucha atención a lo que le decían, la verdad que no lo hacía con nadie. Se dio cuenta de que también era orgulloso y arrogante antes de aquello. Lo que más le fascinó fue la información que sacó sobre la vida y sus vicisitudes de las anécdotas de aquel hombre. Sintió como le escuchaba y atendía cuando él le hablaba. Le entraron ganas de conocer más gente y hablar de cualquier cosa. La experiencia fue tan satisfactoria que la sonrisa se volvió perenne y saludaba a todo aquel que por su lado se cruzaba. Llegó al parque donde solía pasear a su perro y se sentó en un banco junto a aquel señor con su pequeño chucho de apenas un kilo que le ladraba siempre que le veía. Pero hoy se acercó y le olisqueó. Soltó una especie de estornudo y se fue a jugar con otros perros. El señor le miró y sonrió sorprendido de la reacción del animal. “ Buenos días tenga usted ”. Él ya traía la sonrisa puesta y solo tuvo que responder al saludo. Era la primera vez que lo hacían en los dos años que coincidieron por allí. “Veo que no viene con su perro”. “ No, hoy me estoy paseando yo mismo ” y soltó una carcajada. El señor respondió con otra y pasó otra hora compartiendo y debatiendo a partes iguales. Despidiendo y despedido con sonrisas y con la sensación otra vez de haber aprendido muchas cosas. Volviendo ya camino a casa siguió repartiendo saludos a diestro y siniestro, a veces correspondido y a veces no, pero ya no le importaba. Una respuesta a su saludo valía más que diez expresiones de sorpresa o desprecio. Entró en casa armado con su sonrisa e inundado de bondad. Levantó los castigos a sus hijos y se llevó a toda la familia a comer a un restaurante. Hablaron, debatieron y compartieron a partes iguales. Más sorprendido aún de haber aprendido de la conversación con las personas con las que convivía, se convenció más de que ese era el camino. Siguió durante el resto de su vida sabiendo convivir y enseñando a los demás a hacerlo con su forma de actuar. Acabó sin enemigos y su funeral fue numeroso y muy lamentado. Su lápida estuvo llena de flores hasta la época. Sus más lejanos descendientes saben perfectamente quien era. Se hizo leyenda porque se hizo diferente. Era diferente a los demás y aunque no fue mucha gente la que siguió sus pasos, todo el mundo era también diferente cuando estaban a su lado. Un libro le cambió la vida. Una actitud cambió a más gente. Y el karma acumulado le dio el recuerdo de generaciones enteras que no pueden resistir nombrarle cuando se habla de “buena gente”. Así su sepultura pasados los años sigue llena de flores frescas. Allí donde pone: “ Devuelve todas las sonrisas. Aprende a convivir ”. Siguió enseñando a vivir aún estando muerto.

domingo, 3 de mayo de 2015

Bolras Cap.12º

Las siguientes horas pasaron entre caricias, besos y cuerpos desbocados. Empezando otra vez tras tanto tiempo en soledad. No hizo falta decir nada, como si antes de que eso ocurriera ya fuéramos pareja y así nos despertamos. Desayunamos entre comentarios jocosos y anécdotas, y nos despedimos con un gran beso y un abrazo. No hacía falta más que el resto de Bolras lo supiera, sin ceremonias ni fiestas, de forma natural. Así que caminé hacia la cantina con la dentadura al aire y mis pensamientos volando alrededor de mi cabeza. “¡Ferny!” Giré mi cabeza y vi a Jolu que venía de la guardia. “¿Como es posible que no me vieras? Recién levantado ¿no? Vamos a desayunar.” “Si recién salido del paraíso” Jolu se rió: “No sabía que te gustara tanto dormir, perezoso”. Le miré reconociendo su inocencia: “Si, vamos a comer algo”- Al entrar encontramos al resto del consejo, unos desayunaban y otros cenaban. Andaban aún hablando de la reunión con los magos en la cueva. Tony: “Si conseguimos su apoyo todo Goday será libre”. Korde: “No se si van a querer meterse en las luchas de los hombres.” Sefy:”Hablaremos con ellos y veremos que quieren decirnos. De todas maneras ya pensábamos que Goday sería libre a base de arco y espada”. Korde: “Eso va a ser inevitable con magia o sin ella.” Jolu: “Buenos días. Tanto divagar no nos lleva a nada. Vamos a terminar el foso y a medio día sabremos la respuesta.” Terminamos de coger asiento, acabamos esa conversación y empezamos a hablar de las defensas. Terminada la comida Jolu y Sefy se fueron a dormir, los demás fuimos a continuar cavando en el foso. Al llegar medio día les despertamos y fuimos a comer algo antes de la reunión. Decidimos ir sin armas y mostrar respeto por tal inexplicable fuerza. Incluso nos lavamos y vestimos bien, dando valor al momento. Entramos en la cueva y nos quedamos en silencio esperando. De la nada en un segundo aparecieron las siluetas de los dos magos. “Presentíamos que sois hombres justos y cabales, pero vuestra presentación nos ha terminado de convencer”. Me adelanté y con una reverencia solicité: “Nos gustaría, si no es ofensa, saber sus nombres.” La hermosa y misteriosa mujer se adelanto hasta llegar a mi altura. Me miro fijamente y sonrió. “El es Alexauron invocador de criaturas y defensor del bosque, yo soy Doly repelo indeseables y soy la guardiana del lago.” Al oír sus nombres la habladurías y leyendas se hicieron realidad. Esta vez todos les reverenciamos. Alexauron: “Levantad vuestras cabezas, tenemos que hablar de Bolras”. Llegó el anochecer informándoles de nuestras intenciones y de porque estábamos allí. Ellos nos advirtieron que defenderían el bosque, el lago y la montaña fueran soldados o ciudadanos de Bolras. Lo que si que nos cedieron fue un pequeño manuscrito en el que estaban redactadas las normas a seguir para convivir en paz con la naturaleza. Prometimos seguirlas y la hicimos parte de nuestros valores. Cuando la reunión terminaba antes de salir Doly me llamó a su lado; “Se que tenéis problemas con unas rocas en el foso, Haz un hueco profundo en ellas y mete esto. Luego apartaos todos y disparar una certera flecha de fuego contra ello.” Puso en mi mano varios pequeños paquetes hechos con cuero fino y rellenos de una especie de arena. “Gracias señora”. “Sobre todo tener cuidado. Esto que te di es muy poderoso.” Me despedí con otra reverencia y salí de la cueva. Al mirar mis manos vi aquellos pequeños paquetes y conté mas de una decena. Solo había tres rocas que supusieran realmente un problema. “Eso es que sabe que encontraremos más”. Menos mal que los el resto de compañeros siguieron avanzando ya que en toda la tarde no hicimos nada en el foso, pero aún así seguía a buen ritmo. Fuimos Korde y yo hasta la primera roca. Korde con su maza, un cincel y su gran fuerza, hizo en pocos minutos un hueco lo suficientemente profundo como dijo Doly y ancho para que la flecha entrara. Metimos uno de los paquetes dentro. Korde “Espero que la bruja no nos quisiera engañar.” Le dije que se pusiera a mi espalda y cargue mi arco. La primera flecha golpeó a apenas un centímetro del hueco creando unas grandes chispas. La segunda entró golpeando contra las paredes del hueco y al llegar con el paquete la roca salto en pedazos provocando un gran estruendo. Todo el mundo se acercó a ver que pasaba. Korde y yo alucinábamos del poder de aquellos paquetes. Korde: “Han puesto parte de su magia en nuestras manos”. Yo: “No puedo creer que sea cierto”. Les contamos lo que los señores de la montaña nos habían dado y el saber que estaban de nuestro lado provoco euforia entre la gente. Los del consejo fuimos a casa de Jun a contarle todo. En realidad tanto él como su mujer Lydia eran indirectamente unos grandes consejeros y una gran ayuda en la toma de decisiones. Estábamos allí celebrando futuras victorias cuando entró por la puerta Virgy. Se acercó a la barra de la cantina saludando a todo el mundo. No la perdí de vista en ningún momento. Esperó pacientemente a que Jun le diera la cena para ella y las niñas, mientras nos dedicábamos miradas cómplices entre la ignorancia de la gente. No me pude resistir y la llame a la mesa. “Virgy ven, siéntate con nosotros” Virgy se acercó a la mesa y se quedó de pie junto a ella. “Lo siento chicos pero se me hizo tarde hoy, tengo que atender a las niñas, En cuanto tenga la cena me voy.” Me levante y le di un beso largo y apasionado delante de todo el mundo. “Yo iré luego a casa.” Jun: “Virgy ya tienes esto”. Virgy se puso colorada. Cogió la comida y antes de marchar se acercó tímida a mi y me beso otra vez. Se fue por la puerta con la cabeza gacha, avergonzada como una niña pequeña. Pensé en alto: “Me encanta como es”. Todos los chicos empezaron a reír y a golpear mi espalda como signo de aprobación. “Bueno Ferny ya pensábamos que que estarías solo para siempre”. Dijo Korde. Sefy replicó: “A ver si Tony espabila es el único que esta soltero”. Tony: “A mi no hay mujer que me retenga”. Todos reímos otra vez. Korde “Eso ya lo veremos.” Apenas estuvimos unos tragos más en la cantina y unos a dormir y otros a a trabajar tomamos nuestros caminos. Llegué a casa y entré despacio y sin hacer ruido. Las niñas estaban cada una en su camita y yo entre sigilosamente en la mía donde se encontraba Virgy. Parecía dormida así que me tumbé boca arriba y empecé a pensar en lo rápido que estaban sucediendo los acontecimientos. Ella se dio la vuelta, me abrazo y siguió durmiendo con su cabeza en mi pecho. Metí mis dedos entre su pelo y me dormí yo también.

viernes, 1 de mayo de 2015

Dinastía

*(Nuevo texto de las tres palabras clave. Lydia espero que sea lo suficientemente bueno para ti. Como ya te dije estuve bloqueado con tus palabra nunca me había pasado. TKM un besazo) Los más viejos del lugar no recuerdan otros moradores de aquella mansión. Una antigua dinastía que se perpetuaba en el tiempo y que crearon con sus viñedos un prestigio para la región. Pero una ola de acontecimientos puso pendiente de un hilo su continuidad. Ese año reforzaron el perímetro. Lo que antes era una cerca ahora era un muro, obligados por los continuos hurtos que sufrían. También tuvieron que afrontar varias obras en las bodegas y colocar cámaras de seguridad y un sistema de alarma. Vigilantes jurados durante todo el día a turnos patrullando el viñedo y las estancias. Nunca tuvieron esa necesidad, alguna vez les habían robado pero la situación económica disparó los incidentes. Eso dejaba a merced de la cosecha el futuro de la familia. La catástrofe se consumó cuando una negligencia en la elección y cantidad de productos en la fumigación de las vides por parte de uno de los operarios, propinó una plaga de hongos que mató casi la totalidad de las plantas. La situación era tan desesperada que intentaron pedir ayuda por primera vez en su historia y eso a su vez derrumbó la autoestima y el orgullo en todos ellos. Había que salvar a toda costa lo que durante cientos de años fue conservado y bien dirigido por la familia. Su ritmo de vida les arruinaría en poco tiempo, solo con los sueldos de los empleados los números rojos llegarían en unos meses. El servicio eran seis personas, de las bodegas otras cuatro, en las cuadras había dos mozos y todo el personal permanente que se encargaba del cuidado de los viñedos otros seis. Ese año evidentemente no habría jornaleros pero tenían que plantearse seriamente empezar a prescindir de personal. Las bodegas se podrían mantener perfectamente sacando ese año solo vino de reserva y crianza. El personal de la casa se mantuvo también, por mera comodidad. Los seis cuidadores fueron despedidos y los mozos de cuadras también ya que de eso se podía encargar el capataz. Eso les daba más margen de tiempo para buscar una solución antes de que los ahorros de la familia desaparecieran. Se rescindió el contrato con las empresas de seguridad ya que no había que cuidar en los terrenos y la vigilancia de las bodegas las harían los empleados por turnos. Rescindieron también las afiliaciones a los clubs de moda y deportes que pertenecían. La educación de los niños ni se la plantearon, seguirían asistiendo a los mismos colegios. El capataz, perteneciente a otra dinastía de servidumbre y paralela en tiempo y lugar, les ofreció trabajar sin cobrar hasta que todo se arreglara. No solo era por que su familia hubiera estado ligada casi desde el principio también a la mansión y a las bodegas, sino que todos esos años amasaron una enorme fortuna casi tan grande como la de los señores. Era ya una tradición, así que renunció a sus honorarios para ayudar a que todo se mantuviera. Su madre que era la ama de llaves también renunció y su hermana cocinera hizo lo mismo. Los señores se sintieron realmente agradecidos, hasta el punto de pedirles que cenaran con ellos todos los días. En las conversaciones entre plato y plato y después, hablaban muchas veces de lo unidas que estaban las dos familias y los orgullos ablandados de los señores les hacían reconocer una y otra vez tanta lealtad y fidelidad. Una noche tras la cena, el señor y el capataz se quedaron charlando junto a unas copas de brandy mientras todos iban a dormir. Hablaron sesudamente sobre la situación económica. El señor supo del dinero del que disponía el capataz y pasaron el resto de la noche negociando, de igual a igual. A la mañana siguiente todo estaba resuelto. La acomodada dinastía de viticultores se irían a vivir a una villa que tenían junto a la costa y todo quedaría a cargo del capataz y su familia. La suma fue cuantiosa y accedieron. Además, si alguien tenía que quedarse con los viñedos tendría que amarlos y conocerlos, y ese era él. En esa noche de charla intensa, el señor también supo de una infidelidad de su padre con el ama de llaves. Supo que quién tenia delante era su hermano y que la dinastía continuaría. Lo que nunca supo es que él mezcló el insecticida.